Claves de la reforma para las telecomunicaciones y los medios

abril 16, 2013

Actualizado el 6 de mayo de 2013

ARTÍCULOS DEL AUTOR DE ESTE BLOG

La reforma. Qué sí, qué no, hacia dónde. Mayo de 2013

Reivindicación de lo público. Abril de 2013

Un capricho del PAN mantiene sin aprobar la reforma para telecomunicaciones. 25 de abril

Que haya política, para que tengamos mercado. Abril 2013

Diez mentiras acerca de  la reforma para medios y telecomunicaciones. 2 de abril de 2013

Menos poder a los viejos consorcios, más pluralidad de medios en México. 11 de marzo de 2013

Pacto: El fantasma del Gatopardo. 16 de diciembre de 2012

Diversidad de medios, para garantizar libertades. 2 de diciembre de 2012

DOCUMENTOS

REFORMA CONSTITUCIONAL Diario Oficial de la Federación. 11 de junio de 2013 Versión en PDF

REFORMA CONSTITUCIONAL Diario Oficial de la Federación. 11 de junio de 2013 Versión en Word

Declaraciones de los congresos estatales para aprobar la reforma constitucional. 13 de mayo

Senado de la República. Discusión y aprobación de la enmienda enviada por la Cámara de Diputados. 30 de abril de 2013

Cámara de Diputados Discusión y aprobación enmienda 25 abril 2013

AMEDI. Avanza la reforma constitucional para la diversidad y el servicio público en telecomunicaciones y radiodifusión.  22 de abril de 2013

AMEDI. Reforma constitucional en telecomunicaciones debe ser probada por el Senado. Inadmisible una contrarreforma o dilaciones. 16 de abril de 2013

Desplegado de ciudadanos y organizaciones sociales. La Reforma para Telecomunicaciones debe ser aprobada sin demoras ni retrocesos 16 abril 2013

Instituto de Estudios para la Transición Democrática. Reforma para telecomunicaciones. Aprobarla ya, para fortalecer la calidad de nuestra democracia. Presentación en el Senado el 12 de abril de 2013

AMEDI. Celebramos la aprobación de las reformas para telecomunicaciones en la Cámara de Diputados. Exigimos congruencia con esa decisión y seriedad en el Senado. 22 de marzo de 2013

Gaceta Parlamentaria Cámara Diputados Iniciativa con modificaciones aprobada el 21 de marzo 2013

AMEDI. Reforma para telecomunicaciones debe mantener avances. Comparación entre los 21 puntos presentados por la AMEDI y la propuesta del Pacto por México. 19 de marzo

Dictamen de la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados. 19 de marzo de 2013

AMEDI. Los partidos deben aprobar la reforma para las telecomunicaciones. 12 de marzo de 2013

Pacto por México Iniciativa presentada el 11 marzo 2013

AMEDI. 21 principios clave para una reforma de medios. 5 de marzo de 2013

AMEDI.Reformas y principios necesarios para el desarrollo democrático de las telecomunicaciones y el Pacto por México. 17 de diciembre

AMEDI. Propuestas para medios y telecomunicaciones en el Pacto por México. Gobierno y partidos, obligados a ir de los dichos a los hechos. 3 de diciembre de 2012

Pacto por México 2 de diciembre de 2012


Discutir a los medios

abril 1, 2011

Publicado en Eje Central

Los he encontrado varias veces en los días recientes. Suben al vagón del metro por parejas, aunque ayer me tocó ver a uno solo, y de inmediato se distinguen de los vendedores de chácharas y chucherías que abordan en cada estación. Repiten con voz recia una arenga acerca de los medios de comunicación: “instrumentos de dominación”, “cerco informativo”, “la tele de Azcárraga”, “contra publicidad”, “alarmismo de la prensa”, “manipulación”. Se trata de una proclama enfática y exigente, apocalíptica, de esas que ya casi no se escuchan acerca de los medios de comunicación porque muchos de quienes las pregonaban se han resignado o consideran que no hay que descalificarlos, o calificarlos, a todos por igual.

Carmen Aristegui y Miguel Ángel Granados Chapa estarán en el Encuentro. Foto tomada de http://www.univisionsandiego.com

El pretexto de esos muchachos es vender una pequeña revista llamada El Salto, que tiene por subtítulo “Despertando a México”. Van de un convoy a otro con la misma cantinela pero a diferencia del resto de los vendedores, que se atropellan diciendo unas cuantas frases y salen a toda prisa porque cada vagón es oportunidad de encontrar nuevos clientes, estos jóvenes se demoran varias estaciones porfiando en su largo discurso. Así, las frases calcadas de Chomsky y otros tremendistas pero insistentes críticos de los medios convencionales, que antes encontrábamos solamente en la prensa especializada, se repiten en el Metro.  Leer el resto de esta entrada »


Más Canal Once, menos claridad del gobierno

septiembre 8, 2010

Publicado en Zócalo, agosto de 2010

También sobre este tema: ¿Canal Once en cadena nacional? Dudas e interrogantes

En principio, la ampliación en la cobertura del Canal Once es una de esas decisiones buenas, aunque realizada

¿Ingenuidad y torpeza, o engaño del gobierno con Canal Once?

con tanta torpeza que llegan a parecer malas. Pero pronto sabremos si, además, el gobierno federal quiere hacer del Canal Once un recurso de propaganda política. Estaríamos, en ese caso, ante un asunto malo que se ha querido camuflar de bueno.

Es plausible que al Canal Once, a partir de las medidas anunciadas el pasado 12 de julio, se le pueda ver en sitios del país a donde no llegaba en señal abierta. Llama la atención que eso ocurra hasta ahora y que en plazas fundamentales como Guadalajara, esa emisora cultural fuera desconocida por los telespectadores que no disfrutan de televisión de paga.

Pero es cuestionable, y sumamente extraño, que las instalaciones e incluso las licencias de los nuevos canales que se añaden a la cadena de Canal Once no sean parte de esa emisora sino de la discutida entidad creada por el gobierno federal el 31 de marzo pasado. Ese día, a la mitad de semana santa, el Diario Oficial dio a conocer el decreto presidencial que estableció el Organismo Promotor de Medios Audiovisuales, OPMA. Leer el resto de esta entrada »


¿Canal 11 en cadena nacional? Dudas e interrogantes

mayo 7, 2010

Cinco semanas después de haberlo creado, el gobierno federal sigue sin ofrecer una explicación clara acerca del “Organismo Promotor de Medios Audiovisuales”. La opacidad que lo ha rodeado, su nacimiento tan súbito como ayuno de precisiones, la actitud tan equívoca que pareciera culposa del secretario de Gobernación cuando acudió a San Lázaro no a ofrecer sino a eludir las aclaraciones que le pidieron diputados de casi todos los partidos, son parte de una operación política confusa y desmañada.

Nacido en 1959, Canal Once podría alcanzar la presencia nacional que el gobierno siempre le ha regateado

Si el gobierno apuesta a la transparencia en el manejo de sus medios de comunicación, podría hacer públicos los proyectos que tiene para el nuevo organismo que presuntamente coordinará varias de las televisoras y radiodifusoras que se encuentran en la administración pública federal. La ausencia de claridad ha propiciado especulaciones que posiblemente no apuntan a los propósitos reales del OPMA pero que encuentran caldo de cultivo en la vaguedad de la Segob cuando se refiere al nuevo organismo. Leer el resto de esta entrada »


Dos décadas de “El fin justifica a los medios”

septiembre 7, 2009

Mañana martes por la noche, cuando difundan su emisión de aniversario, los productores del programa “El fin justifica a los medios” tendrán que reconocer que, más allá del lugar común, el argentino Alfredo Le Pera no tenía razón cuando escribió que veinte años no es nada. Claro que son muchos años, sobre todo cuando transcurren de manera creativa pero sin descuidar la continuidad de una labor que para alcanzar sentido ha de mantenerse día tras día, en este caso semana tras semana. 20 años en cualquier actividad profesional son más que considerables. Pero en un medio de comunicación, que exige renovación frecuente para no estancarse, son el indicio de un trabajo sostenido, meritorio y útil.

Tales son los años que, en su emisión de este martes 8 de septiembre, cumple el programa que fundó y dirige desde entonces Graciela Ramírez Romero. Durante dos décadas, “El fin justica a los medios” ha sido un espacio abierto a la reflexión, a la innovación y desde luego a la crítica acerca de los medios de comunicación en este país. Esa labor le ha permitido no solamente ser el programa de ese corte con mayor antigüedad en los medios electrónicos mexicanos sino, además, el más prestigiado y escuchado.

Cierta dosis de audacia y confianza, junto con un interés por el análisis de los medios que ya había manifestado en otras tareas profesionales y políticas, llevaron hace 20 años a Graciela Ramírez a promover con entusiasmo un programa especializado en medios de comunicación. Estábamos en el primer año del gobierno de Carlos Salinas y las políticas mediáticas del Estado mexicano ya comenzaban a ser contradictorias aunque novedosas.

El desarrollo de la sociedad mexicana y la crispación de la clase política que habían conducido a entrampamientos como la elección presidencial de 1988, conducían al gobierno a reconocer la necesidad de admitir e incluso propiciar condiciones para la apertura de los medios de comunicación. El diario del gobierno, El Nacional, experimentaba una renovación inesperada (que duraría unos cuantos años) y en algunos aspectos se desempeñaba más bien como diario del Estado. El gobierno carecía de una política para los medios electrónicos a su cargo, pero en términos generales dejaba hacer a sus directores y productores. Había episodios de censura, tanto en medios estatales como en espacios de carácter comercial, pero también se abrían paso expresiones críticas muy variadas. El gobierno del presidente Salinas terminaría por deshacerse de la mayor parte de las televisoras a su cargo (en 1993 culminó el proceso de venta de Imevisión, que se convertiría en Televisión Azteca) pero conservó las radiodifusoras.

Radio Educación había sido un espacio incómodo pero interesante para los operadores a cargo de los medios en el gobierno federal. Las simpatías políticas de quienes hacían los noticieros y comentarios sobre asuntos de actualidad en esa emisora, estuvieron cargadas a favor de la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas, a pesar de la disciplina priista que procuraba imponer el entonces director de la emisora, Héctor Murillo. Por eso el nuevo director de Radio Educación, Alejandro Montaño, designado a comienzos del sexenio salinista, tendría que hacer radio pero también política tanto dentro como fuera de la emisora.

En ese contexto, la iniciativa de Graciela Ramírez para crear un nuevo programa, destinado exclusivamente al examen de los medios, era una prueba para la pluralidad de esa radiodifusora pero también para la capacidad analítica que supieran inyectarle sus productores. Desde el principio, se apoyaron en el trabajo y las opiniones de los profesores e investigadores que, desde las universidades, se ocupan de los medios como tema de estudio y que de esa manera han tenido en el programa una respetable tribuna. Productores y radiodifusores, editores y especialistas en asuntos tecnológicos y desde luego periodistas preocupados por los problemas de ese oficio han sido, también, concurrentes habituales a ese espacio que se transmite por martes de 9.30 a 10.30 de la noche.

Cuando “El fin justifica a los medios” comenzó a transmitirse, el dueño de la televisión privada en México se consideraba soldado del PRI, los diarios se nutrían del papel subsidiado por la empresa estatal PIPSA y en la radio apenas despuntaban expresiones aisladas de diversidad política. En esos años la información digital era casi inexistente, los teléfonos celulares eran pesados y voluminosos, Internet no había nacido. Pero ya desde entonces era claro el peso político que adquirían los medios de comunicación, la opacidad y la casi total ausencia de diversidad definía a las televisoras y radiodifusoras mexicanas, Televisa acaparaba audiencias con una programación ramplona.

“El fin justifica a los medios” en realidad ha sostenido lo contrario de la actitud pragmática que su nombre sugiere. Ninguna coartada utilitaria acredita el desempeño unilateral que suelen tener muchos medios de comunicación, sobre todo cuando privilegian el negocio sobre el servicio. Esa ha sido una de las inquietudes del programa, en donde también tienen voz los radioescuchas.

Actualmente, además de transmitirse en Radio Educación (1060 khz en AM) “El fin justifica a los medios” es difundido por Radio XEBCS en Baja California Sur, Radio Torreón en la Comarca Lagunera en Coahuila, Radio Querétaro, UFM Alterna 6.1 de la Universidad Autónoma de Morelos, Radio Altiplano en Tlaxcala y Radio Universidad de Yucatán. Esa señal es propagada por el Canal 2 de Edusat y también se le puede escuchar por Internet (www.radioeducacion.edu.mx.

En estos 20 años, a Graciela Ramírez la han apoyado diversos conductores, asistentes y comentaristas. El programa ha sido, además, una pequeña escuela radiofónica para numerosos estudiantes que han realizado allí su servicio social. Hoy en día la conducción  del “El fin justifica a los medios” está a cargo de Cinthia Lazcano y José Ángel Domínguez, la información del segmento de noticias dentro del programa la prepara Ángeles Medina, en la asistencia de producción se encuentra Karen López y en la musicalización, Vicente Morales. Los comentaristas regulares que actualmente ocupan segmentos en el programa son Aleida Calleja, promotora de las radios comunitarias; Carmen Gómez Mont, especialista en usos sociales de las nuevas tecnologías; Fernando Mejía Barquera, prestigiado estudioso de la radiodifusión mexicana y columnista en Milenio y Jenaro Villamil, enterado periodista de la revista Proceso.

Bien aprovechados como le ha sucedido a ese programa, 20 años son abundante motivo de satisfacción pero seguramente resultan insuficientes. “El fin justifica a los medios” entra a su tercera década en un panorama global de cambios mediáticos que apenas comienzan a experimentarse en México.

Publicado en eje central


La lid por los medios públicos

septiembre 6, 2008

Participación en un encuentro por videoconferencia organizado por la ATEI para discutir la situación de los medios públicos en varios países de Iberoamérica. Julio de 2005.

En México tenemos medios de comunicación de propiedad estatal pero es difícil asegurar que se trata, en rigor, de medios auténticamente públicos.

En el campo de la radiodifusión el Instituto Mexicano de la Radio, IMER, cuenta con siete estaciones en la ciudad de México y diez en otras tantas ciudades en el país [ii]. Sin embargo el gobierno carece de una política definida para ellas.

Un decreto expedido en los primeros meses del gobierno del presidente Vicente Fox establecía que esas radiodifusoras, que durante largo tiempo estuvieron controladas por la secretaría de Gobernación –el ministerio del Interior mexicano– deberían ser administradas por la Secretaría de Educación Pública. Ese cambio nunca se puso en práctica de tal manera que, además de encontrarse en un limbo administrativo, las estaciones del IMER están al margen de cualquier política de comunicación por parte del gobierno federal.

La indolencia respecto de esas emisoras puede explicarse con una breve anécdota. Al comienzo de su gobierno el presidente Vicente Fox comenzó a transmitir un programa de radio semanal que era producido por técnicos del Instituto Mexicano de la Radio. Cuando uno de los locutores le comentó que la serie era realizada con recursos de esa institución el presidente preguntó: “¿IMER? ¿Y qué es el IMER?”. Dicho desconocimiento se ha mantenido porque esas radiodifusoras han padecido políticas erráticas y fuertes deficiencias financieras.

El gobierno federal también sostiene a Radio Educación y hay universidades públicas, como la UNAM y la de Guadalajara, que tienen sus propias radiodifusoras. La mayoría de los 32 gobiernos de los estados en México cuenta con alguna expresión propia en las ondas hertzianas.

El gobierno mexicano, por otra parte, cuenta desde 1968 con la Agencia Notimex cuyo desarrollo ha estado repleto de vicisitudes y que en varias ocasiones ha estado a punto de desaparecer. Fundamentalmente financiada con recursos públicos, esa Agencia ha propuesto la modificación de su régimen de propiedad para funcionar como empresa del Estado –incluyendo al Congreso– y no solamente como un recurso informativo del gobierno federal.

En 1993 la administración del presidente Carlos Salinas de Gortari vendió las dos cadenas de televisión nacional con las que, desde dos décadas antes, contaba el gobierno federal. Aquella decisión, motivada según se dijo por consideraciones de rentabilidad financiera, dejó al Estado mexicano sin presencia significativa en la televisión. El gobierno ha mantenido la propiedad del Canal 11, de carácter cultural, creado en 1958 y que tiene algunas repetidoras. En 1992, además, surgió el Canal 22 también con programación cultural y dependiente del área educativa de la administración pública.

A fines de los años setenta del siglo ya transcurrido surgieron sistemas de televisión regionales financiados por gobiernos locales en varios estados del país. Una reciente investigación de Patricia Ortega Ramírez –que es la estudiosa más relevante de la televisión pública mexicana– encontró que hay 22 televisoras en otras tantas entidades. Todas ellas difunden desde las capitales de cada estado [iii] y algunas tienen repetidoras que les permiten alcanzar otras ciudades y regiones como el Sistema Hidalguense de Radio y Televisión que cuenta con siete estaciones además de la matriz, o el Sistema Oaxaqueño que dispone de 36 repetidoras.

Aunque cuentan con una esforzada e incluso noble trayectoria, los medios de gobierno en México no significan una competencia apreciable delante de los monopolios comunicacionales de carácter privado –especialmente en el terreno de la televisión–. Algunas de sus dificultades son:

–Erráticas o inexistentes políticas por parte de los gobiernos federal y estatales. Los gobernantes en cuyas manos se encuentran estos medios por lo general no saben qué hacer con ellos. En México, además, no existe un sistema nacional de medios públicos.

–Escaso y a veces incierto financiamiento. Además de constantes restricciones en los presupuestos estatales, la mayoría de estos medios padece una disposición legal que prohíbe la venta de espacios comerciales durante sus transmisiones.

–Inexistencia de una legislación adecuada. La Ley Federal de Radio y Televisión apenas se ocupa de ellos. Los intentos para actualizarla añadiéndole, entre otras reformas, un capítulo destinado a los medios de Estado, han sido constantemente obstaculizados por las más poderosas empresas de radiodifusión privada.

Hablamos de medios de Estado porque, a nuestro juicio, los medios auténticamente públicos tendrían que cumplir por lo menos con tres características: 1) autonomía funcional respecto de los gobiernos en turno; 2) financiamiento total o parcialmente cubierto con recursos fiscales y 3) formas o espacios de consulta y/o retroalimentación con la sociedad. En México no tenemos medios de comunicación auténticamente públicos. Los de gobierno, subsisten sin recibir el impulso que les permitiera ser auténticas opciones delante de la hegemonía de los medios orientados por el interés privado.


[ii] Las estaciones de la ciudad de México son: XEB La B Grande de México; XEMP Radio 710; XEDTL Canela 660; XEQK La Radio de los Ciudadanos; XHIMR Horizonte 108 FM; XHOF Reactor 105.7 y XHIMER Opus 94.5. Las estaciones en los estados están ubicadas en: Salina Cruz, Oaxaca; Ciudad Acuña, Coahuila; Comitán, Cacahoatán y Chiapa de Corzo en Chiapas; Mérida, Yucatán; Ciudad Juárez, Chihuahua; Tijuana, Baja California; Lázaro Cárdenas, Michoacán; Cananea, Sonora.

[iii] Aguascalientes, Baja California Sur, Campeche, Colima, Chiapas, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sonora, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz y Yucatán.


Canales para la UNAM y el DF: Condenados a teleaudiencias restringidas

septiembre 5, 2007

Zócalo, agosto de 2007

   Las adjudicaciones de sendos permisos de televisión al gobierno de la ciudad de México y a la UNAM parecieran buenas noticias. Pero no lo son. Al aceptar canales que difundirán señales digitales de alta definición, ambas instituciones se allanan a la política discriminatoria y concentradora que, con plena complacencia de los consorcios televisivos, estableció el gobierno anterior y ha mantenido la actual Comisión Federal de Telecomunicaciones.

   Esa política promueve un modelo de televisión digital dedicado exclusivamente a las transmisiones de alta definición, en vez de utilizar la digitalización para que haya más señales y opciones de diferente calidad de imagen y con amplia diversidad de contenidos (al respecto puede verse nuestra colaboración en Zócalo número 89, correspondiente al mes de julio).

   Además, y allí radica el error principal que han cometido las autoridades del Distrito Federal y de la UNAM, los canales que les ofreció la Cofetel solamente podrán ser vistos en televisores de alto costo que tienen decodificadores digitales y que han sido fabricados, precisamente, para reproducir señales de alta definición. Hace algunos meses la propia Cofetel, de acuerdo con informaciones periodísticas, estimaba que en todo el país se habían vendido aproximadamente 10 mil televisores con esas características. Si suponemos que al menos la mitad de ellos se encuentran en la ciudad de México, el auditorio potencial de la señal abierta de los nuevos canales universitario y del DF se limitaría a unos cuantos miles de personas.

   Desde luego, los contenidos de esos dos canales podrán ser propagados en sistemas de televisión de paga como ya sucede con el Canal de la UNAM que desde hace más de un año está incluido en redes de televisión por cable y satelital. Pero para eso no necesitan un canal de difusión abierta.

 

Discutible vanguardia tecnológica

   La utilidad del canal abierto radica en que puede ser sintonizado por quienes no cuentan con suscripción a la televisión de paga. Aproximadamente el 75% de los hogares en todo el país carece de esa televisión, de tal manera que tres cuartas partes de los mexicanos siguen dependiendo, para su entretenimiento doméstico y para informarse, de las señales abiertas y de carácter analógico. Por eso tanto el gobierno de la ciudad de México como, según se ha informado ahora, también la Universidad Nacional, solicitaron canales de televisión abierta a las autoridades de Telecomunicaciones. El único sentido que hoy en día tiene la televisión abierta es la capacidad de llegar a las audiencias mayoritarias. Al aceptar canales digitales y no analógicos, ambas instituciones le dan la espalda a ese teleauditorio.

   Tanto los funcionarios del gobierno de la ciudad de México como las autoridades universitarias directamente encargados de sus respectivos proyectos de televisión, han construido un discurso de presunta modernidad tecnológica para justificar la aceptación de los canales digitales. En ambos casos se ha dicho que con la transmisión de esa índole estarán a la vanguardia del desarrollo comunicacional.

   El hecho de que dos televisoras no comerciales incursionen en la transmisión digital tiene relevancia como parte de la construcción del futuro de la televisión mexicana. Esa decisión permite confirmar que el aprovechamiento de la convergencia tecnológica en el campo de la radiodifusión no es patrimonio de los consorcios comerciales. Pero tanto la UNAM como el gobierno de la Ciudad de México pudieron haber tenido presencia en la televisión digital difundiendo sus respectivas señales en dos canales cada una –analógico y digital–. Así lo harán (algunas ya han comenzado esas transmisiones simultáneas) las televisoras comerciales que han recibido una concesión adicional por cada una de la que ya tenían.

   Pero mientras a cada canal mercantil las autoridades le entregan una nueva frecuencia por cada una de las que ya disfruta, a las nuevas televisoras de vocación pública como las que pretenden instalar la UNAM y el gobierno del DF solamente se les asigna una frecuencia. El discurso de supuesta vanguardia tecnológica, ambas instituciones lo han construido después de la decisión de las autoridades de la Cofetel. Pero no eran canales digitales, que serán sintonizados por muy pocos, los que habían pretendido.

 

Convertidores para ver un canal

   El gobierno de la ciudad de México ha anunciado que, a fin de promover la audiencia de su canal, distribuirá de manera gratuita convertidores que permitirían que esa señal pueda verse en televisores analógicos. Algunas autoridades de esa administración inicialmente dijeron que esa sería una manera para extender la audiencia de la televisión digital y, al menos en privado, manifestaron que comprarían 8 millones de esos dispositivos para distribuirlos no solo en la ciudad de México sino también en los municipios conurbados. En la entrevista con Zócalo que aparece en esta edición Virgilio Caballero, responsable de ese proyecto televisivo –y que es sin duda el más calificado y experimentado promotor de la televisión pública en México– aclara que esos convertidores únicamente permitirían el tránsito, del formato digital al de carácter analógico, del canal del gobierno del DF.

   Aun así, el gasto que tendrá que hacer esa administración no será despreciable. En la ciudad de México existen 2 millones 237 mil hogares (el 98% del total) con al menos un aparato de televisión. Y cada vez hay, en promedio, más viviendas porque la gente tiende a concentrarse en familias más pequeñas. En la mayor parte de los hogares ya no hay cuatro o cinco personas. En promedio, de acuerdo con el INEGI, en la ciudad de México hay 3.8 personas por vivienda.

   Si el gobierno de la ciudad de México quisiera distribuir un convertidor por familia tendría que adquirir casi dos millones y medio. Y si cada uno de esos dispositivos cuesta 12 dólares como se ha informado, el gasto sería de 30 millones de dólares en números redondos. Esa cantidad es diez veces superior al presupuesto que se dijo tendría el canal del gobierno del Distrito Federal y que ascendería a 35 millones de pesos.

   Los más de 300 millones de pesos que la administración encabezada por Marcelo Ebrard gastaría para que su canal digital pudiera ser visto por los habitantes de la ciudad de México alcanzarían apenas para comprar un convertidor por familia. No se ha dicho qué sucedería en las viviendas en donde hay dos o más televisores.

   Toda esa erogación será necesaria porque el canal de televisión que en principio ha admitido el gobierno del DF es de índole digital. Si se tratase de un canal analógico, para cuya recepción está habilitada la gran mayoría de los televisores en el país, ese gasto no haría falta. Desde luego, en algún momento en el transcurso de las siguientes dos décadas todas las transmisiones de televisión tendrán que realizarse en formato digital. Cuando eso ocurra, los televisores analógicos serán obsoletos. Si los planes de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes se cumplen, ese cambio sucedería dentro de 14 años, a fines de 2021. Mientras tanto las televisoras comerciales seguirán transmitiendo en formato analógico y paulatinamente, en la medida en que haya más mercado para ellas, habrá más señales digitales.

 

Inciertas frecuencias disponibles

   Las actuales autoridades de telecomunicaciones han determinado que las frecuencias digitales solamente serán utilizadas para televisión de alta definición. Así que es de suponerse que el canal del DF –igual que el que tendrá la UNAM– difundirá televisión de esa calidad. Seguramente esas imágenes se verán muy bonitas en los pocos miles de televisores construidos para reproducir en alta definición. Pero se verán igual que el resto de los canales en los televisores analógicos, que son la mayoría.

   Al admitir canales digitales, el gobierno del DF y la administración de la UNAM no se colocan a la vanguardia de la evolución tecnológica. Más bien, son utilizados como avanzada de una transición digital en la cual las empresas de televisión mercantil no han querido arriesgarse demasiado. La Cofetel promueve la televisión digital para ampliar, a costa de las televisoras no comerciales, un mercado que luego aprovecharán, con más recursos –y con dos frecuencias por cada canal– los consorcios privados.

   La Cofetel ha sostenido que, en el dial televisivo para la ciudad de México, ya no hay más espacio para canales abiertos y que además transmitan de manera analógica. Sin embargo cuando presentó su solicitud el gobierno de la ciudad de México dijo que contaba con estudios técnicos que demostraban la posibilidad de que haya más canales, como aquellos en los que difunden las televisoras comerciales. Incluso solicitó, específicamente, la frecuencia del Canal 46 que hace varios años fue asignada a la empresa Cablevisión pero que no ha sido utilizada.

   Al aceptar el canal digital, en otra frecuencia, el gobierno del DF no informó por qué cejó en su reclamo acerca del Canal 46. Desde luego, la obligación de dar cuenta acerca del estado de cada frecuencia concesionada o permisionada es de la Cofetel y las autoridades de la SCT. Pero en esas dependencias prevalece tal opacidad que cualquier información sobre el espectro radioeléctrico se obtiene sólo  después de numerosas gestiones. O, simplemente, resulta que no hay datos suficientes. El investigador Gabriel Sosa Plata, de la UAM Cuajimalpa, demostró recientemente el patético desorden que hay acerca de la situación jurídica del Canal 46 (El Universal, 1 de mayo de 2007). Con datos como esos, el gobierno de la ciudad de México podría insistir en una frecuencia de más alcance que la que le han ofrecido. Lo mismo podrían hacer las autoridades de la UNAM.

   Así que no hay auténticos motivos para que las autoridades del DF estén satisfechas con la adjudicación del Canal 21 para transmitir en formato digital. El 15 de junio los diarios informaron que, al dar a conocer la resolución de la Comisión Federal de Telecomunicaciones el jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard, exclamó, triunfalista: “¿no que no?”. Inicialmente la Cofetel había rechazado la solicitud del gobierno de la capital del país para que le asignaran un canal de televisión. Pero esa solicitud era para un canal de carácter analógico. Ahora Ebrard tendrá que resignarse a que su canal de televisión lo vean únicamente los habitantes del DF que disponen de canales de paga –y que son entre quienes se encuentran los propietarios de pantallas de alta definición–. O, para que lo vea el resto de la población de esta ciudad, tendrá que gastar por lo menos 300 millones de pesos. En realidad, en ese tema, Ebrard no tiene motivo para estar contento.

  

Resignación de la Universidad

   Tampoco lo tienen, en rigor, las autoridades de la UNAM. Pero como en esa institución desde hace algunos años se le da más importancia al bombo que al fondo de las decisiones, la adjudicación del canal 20 fue celebrada con un intenso despliegue de propaganda. Las autoridades universitarias festejaron la asignación de esa frecuencia pero sin explicar para qué y, sobre todo, con quiénes habrán de ser producidos los contenidos del nuevo canal. Esa frecuencia difundirá, por lo pronto, los programas del Canal de la UNAM que ya se transmite en sistemas de televisión de paga.

   Entrevistado, a nombre de esta revista, por la periodista Elvira García, el director de TV UNAM, Ernesto Velázquez, explicó tajantemente los motivos de esa institución para aceptar el canal digital: “si la pregunta es por qué la UNAM no tiene un canal analógico, la respuesta la conocemos todos: porque el gobierno mexicano se lo negó históricamente”.

   Esa afirmación no es del todo exacta porque, como el mismo Velázquez recuerda, hace varias décadas la Universidad había recibido una frecuencia que no utilizó. Pero el hecho de que más tarde el gobierno hubiera regateado la adjudicación de un nuevo canal televisivo, no era causa suficiente para que la UNAM se resignara de manera tan sumisa a dicha decisión.

   Las autoridades encabezan, pero no sustituyen a la Universidad. En ningún momento, ni durante la actual administración ni en las anteriores, la Rectoría de la UNAM hizo público su propósito para conseguir una frecuencia de televisión. Una y otra vez, cuando se les proponía que lo hicieran, esas autoridades respondían con evasivas y de cuando en cuando admitían que no querían tramitar esa frecuencia por temor al uso político que pudiera dársele a un canal de la Universidad.

   No obstante esa reticencia, durante muchos años para importantes núcleos de universitarios la obtención de un canal de televisión tenía que estar entre las prioridades en materia de difusión cultural para la Universidad. El Congreso Universitario que se realizó en mayo de 1990 y cuya deliberación constituye el ejercicio de autorreflexión y prospectiva más importante que se haya emprendido en esa institución, acordó: “Los universitarios de la UNAM hacemos pública nuestra voluntad de contar con un canal de televisión, para desarrollar un proyecto televisivo cultural de servicio a la sociedad, plural, critico, experimental y participativo”.

   Esa, como tantas otras decisiones del Congreso, quedó archivada. Y ahora, no existe la certeza de que el nuevo canal cumplirá con aquellos propósitos de apertura, participación y pluralidad.

 

Desde 2000, fantasmal canal 60

   Si las autoridades de la Universidad Nacional se hubieran respaldado en su comunidad y en la sociedad mexicana para demandar una frecuencia de televisión abierta, competitiva y capaz de ser sintonizada por todos los televidentes al menos en el Valle de México, indudablemente habrían contado con una extensa y sólida simpatía. Pero, a diferencia del gobierno de la ciudad de México, emprendieron esas gestiones con tanta discreción que el gobierno federal les asignó el canal digital que inicialmente, y durante varios años, estará condenado a tener audiencias restringidas.

   De hecho, la UNAM ya contaba con un canal de televisión. Desde diciembre de 2000 –un año después de que comenzó la gestión del rector Juan Ramón de la Fuente– el gobierno federal le asignó a esa institución el canal 60, con las siglas XHUNAM TV. Se trataba de una frecuencia de baja potencia, que aparentemente serviría sólo con propósitos de experimentación. Sin embargo las autoridades de la Universidad nunca informaron a su comunidad acerca de la existencia de ese canal. Solamente en julio de 2003, cuando entró en vigencia la Ley Federal de Acceso a la Información Pública y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes se vio obligada a informar acerca de las concesiones y los permisos que había expedido, se supo que la UNAM disponía de esa frecuencia.

   Durante varios años, las autoridades universitarias se negaron a solicitar la ampliación de potencia y el registro del canal 60 como estación permisionada para difundir contenidos de interés general. Ahora, en junio pasado, dieron a conocer la permuta de esa frecuencia por la del canal 20 que transmitirá en formato digital. Qué bueno que la Universidad Nacional tenga canal de televisión abierta. Se lo merece y sin duda promoverá una televisión inteligente como la que ya difunde TV UNAM. Qué lástima que no comenzó transmitiendo en televisión analógica para que esos contenidos pudieran llegar a la mayoría de los habitantes de la ciudad de México.

 

***

   En la conversación con Elvira García que aparece en esta edición de Zócalo el muy respetado y apreciado director de TV UNAM, Ernesto Velázquez, responde disgustado cuando la reportera le pregunta, citando una frase aparentemente mía, por qué la Universidad no tendrá “un canal de verdad”. En realidad esa expresión no es mía sino de la redacción de esta revista, como queda claro en la nota que aparece en la página 7 de la edición anterior. Así que no discutiré la réplica de Ernesto ante una frase que no dije. Sin embargo la objeción del director de TV UNAM permite recalar en un tema que al menos en México no hemos podido resolver de manera clara para todos: ¿cuál es la televisión pública que queremos? Definiciones hay muchas. Pero el colega Velázquez estará de acuerdo en que todos los modelos relevantes y reivindicables de televisión pública pretenden, entre otras características, llegar a la mayor parte de la población para la cual existen. Se trata, según una expresión española que ha venido ganando presencia en América Latina, de lograr que la televisión pública sea generalista. Y eso, con el estándar tecnológico que utilizarán, no lo van a conseguir la televisión de la UNAM ni la televisión del gobierno de la ciudad de México por lo menos durante los próximos diez años.

–0–

 

 


Calderón ante los medios

diciembre 27, 2006

El nuevo presidente –si quisiera– podría modificar inercias y connivencias

 

   Esta es una versión ligeramente más amplia de un texto aparecido en la edición de diciembre de la revista Zócalo

 
   Si quisiera, el nuevo presidente de México podría establecer una relación de mejor transparencia y mayor responsabilidad con los medios de comunicación. Felipe Calderón asume el gobierno del país en un panorama de casi irreductible crispación del que forma parte una actitud cada vez más crítica, por parte de segmentos importantes de la sociedad y el mundo político, hacia las grandes empresas mediáticas. Nunca como ahora, los medios son reconocidos en México como una dificultad en nuestra democracia. Es cierto, también, que nunca como ahora los grandes grupos comunicacionales, especialmente Televisa, han alcanzado tanta influencia social y tanto poder político. Precisamente por ello el nuevo gobierno, si logra mirar al país y hacia el futuro con una perspectiva de Estado y más allá de los diferendos y las ambiciones circunstanciales, podría reconocer que los medios se han convertido en un problema que es ineludible atender.

   Calderón llega al gobierno con una ventaja nada desdeñable. No les debe nada a Televisa ni a otras corporaciones mediáticas. Si se reconoce que en la cobertura de la campaña electoral esa y otras empresas, lejos de apoyar expresamente al candidato del PAN como en algunas ocasiones se ha llegado a suponer otorgaron espacios similares a los principales candidatos presidenciales –e incluso con ligera ventaja para Andrés Manuel López Obrador– se podrá advertir, entonces, que ni Televisa ni cualquiera de las firmas radiofónicas de alcance nacional tienen motivos para esperar del nuevo presidente un comportamiento propicio a sus intereses. Después de las elecciones, es cierto, la mayor parte de los medios respaldó el resultado del 2 de julio y puso en evidencia las exageraciones del candidato de la Coalición por el Bien de Todos. Pero es difícil sostener que su apretadísimo triunfo electoral el nuevo presidente se lo deba al respaldo mediático.

   Quizá en la contratación de publicidad el PAN y su entonces candidato presidencial se beneficiaron de algún comportamiento discrecional de los grandes medios. Es altamente posible que Televisa y otros grupos le hayan vendido a ese partido espacios de promoción política a precios menores a los que establecen en sus tarifas. Pero suponemos, a reserva de confirmarlo dentro de algunos meses cuando se haga pública información del gasto de los partidos durante la campaña de 2006, que esa actitud la tuvieron también con el PRD y el PRI. Por lo pronto, se ha conocido el enorme y posiblemente ilegal descuento que Televisión Azteca le ofreció a López Obrador al venderle el espacio para el programa que tenía todas las mañanas a un precio 40 veces menor a las tarifas que esa emisora le había entregado a la autoridad electoral.

   Así que, si quisiera, Calderón podría actuar sin ataduras ante los medios de comunicación. Otra cosa es que esté dispuesto a hacerlo. Nunca cuestionó la Ley Televisa y el de los medios no ha sido un tema sustancial ni en sus propuestas de campaña ni en los diagnósticos que ha presentado de la situación nacional después de las elecciones. Que se sepa, no ha reprochado la irregular composición de la actual Comisión Federal de Telecomunicaciones, la mayoría de cuyos integrantes favorecieron abiertamente los dictados de Televisa cuando se discutieron aquellas reformas en el primer trimestre del año.

   Todo pareciera indicar que el nuevo presidente no querrá enemistarse con los grandes medios y preferirá mantener la situación actual. Allí se podrá apreciar en qué medida el proyecto de Calderón implica una auténtica renovación política o simplemente la continuación, quizá con un oficio gubernamental que su predecesor nunca quiso ni supo tener, en la conducción y gestión de los asuntos públicos.

 

Poder de los monopolios

   La concentración de excesivos recursos en pocas manos es, por definición, atentatoria para la democracia. Más aún, se trata del desafío principal que hoy enfrentan las economías de mercado en todo el mundo. Dos semanas antes del inicio del nuevo gobierno en México la revista británica The Economist, en su edición fechada el 18 de noviembre, apuntaba que Calderón tendría la oportunidad de avanzar en el terreno de la democracia así como en el crecimiento económico siempre y cuando quisiera arriesgarse más que su antecesor enfrentando al poder de los monopolios, tanto públicos como privados. Entre ellos dicha publicación identifica al sindicato de maestros, a Pemex, a Telmex y a las empresas privadas de telecomunicaciones. Todos ellos, dice, son “vestigios del viejo orden que todavía detienen al país… bastiones de un poder incomprensible”.

   Si no quiere solamente administrar un país en donde las grandes corporaciones trafican, incrementándolos, con los privilegios que han solidificado durante décadas, el nuevo gobierno tendría que hacer lo posible para acotarlas creando espacios de regulación eficaces, favoreciendo el escrutinio público ante el desempeño de esos grupos y

sobre todo, auspiciando el surgimiento de nuevos actores. Televisa es, sin duda, la más poderosa de las empresas de telecomunicaciones a las que alude The Economist. El poder que acapara ese consorcio entorpece el desarrollo cabal de la sociedad y de la democracia pero, también, la gobernabilidad y las atribuciones del Estado.

   Si se decidiera, Calderón podría contribuir a establecer nuevos contrapesos ante ese poder comunicacional tomando medidas en temas como los siguientes.

 

   1. Nuevas concesiones de radio y televisión. Desde su campaña, el ahora presidente Calderón anticipó que entre sus primeras decisiones estaría la apertura de nuevas frecuencias. Una de las 100 medidas de su gobierno establece: “Se identificarán las ciudades susceptibles de ser atendidas con nuevos servicios de radio y televisión, tanto comercial como cultural, educativa, comunitaria y oficial, a efecto de iniciar los procedimientos de licitación pública o permisionarios, según se trate, durante el primer semestre del 2007”. Es pertinente que en ese compromiso se reconozca la diversidad de opciones que hay y que debiera incrementarse en la televisión y la radio. Pero la necesidad de nuevas emisoras no existe únicamente en las localidades del país en donde no hay pocas frecuencias activas. Incluso en las ciudades y regiones más grandes, la preponderancia de unos cuantos grupos radiofónicos limita la pluralidad de opciones a la que tienen derecho televidentes y radioescuchas.

   Las nuevas frecuencias tendrán que ser asignadas por licitación. Las actuales disposiciones en esa materia, resultado de la Ley Televisa, le permiten al gobierno decidir las reglas y los beneficiarios de tales subastas tomando en cuenta únicamente la postura económica que presenten los interesados. Si así ocurriese, el gobierno de Calderón estaría convalidando la preponderancia del dinero sobre cualquier otra consideración para acceder al derecho a comunicar en nuestro país.

   El gobierno, sin embargo, puede añadir otros criterios para definir el resultado de las licitaciones de frecuencias. Se podrían considerar el perfil profesional, la experiencia en materia de comunicación, el carácter innovador y sobre todo la diversidad en las propuestas que presenten los interesados en tales concesiones. Aun con la retorcida legislación actual, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes tiene facultades para orientar la realización de esas licitaciones e incluso para suspenderlas si considera que no se han presentado propuestas satisfactorias.

 

   2. Frecuencias para quienes realmente quieren operarlas. Varios grupos de radiodifusores que tienen frecuencias en la banda de Amplitud Modulada han insistido para que, además, se les asignen canales en Frecuencia Modulada. Las radios “combos”, como sus posibles beneficiarios le han llamado al otorgamiento de una frecuencia en FM por cada una de las que tienen en AM, se han convertido en exigencia pertinaz que, sin embargo, no tiene sustento legal alguno. El hecho de tener una frecuencia no le confiere a nadie el privilegio, solamente por esa circunstancia, de contar con otra más.

   Los radiodifusores interesados en ese beneficio sostienen que la banda de AM ya no es negocio. Tanto por calidad en la recepción como por la existencia, dicen, de audiencias más numerosas, el negocio ahora se encuentra en la FM. Aunque en otros sitios del mundo la Amplitud Modulada no ha sido desdeñada como espacio de comunicación y negocio, podríamos suponer que a los radiodifusores mexicanos les va mejor en la FM. De ser así, ¿por qué se empeñan, entonces, en conservar las frecuencias que tienen en Amplitud Modulada? Ante esas peticiones, el nuevo gobierno federal podría asignarles frecuencias de FM a los radiodifusores que ya no consideran redituable a la AM. Pero no habría motivo para que se quedasen con las estaciones en AM. Esas frecuencias podrían ser reasignadas a otros empresarios, o a grupos e instituciones culturales y comunitarios que quisieran aventurarse a difundir en la menospreciada banda de Amplitud Modulada.

 

   3. Reglamentar traspasos y “ventas” de concesiones. La Ley Federal de Radio y Televisión permite el traspaso de concesiones siempre y cuando sea autorizado por el gobierno federal. En los hechos, la autoridad se ha limitado a consentir esas transacciones sin vigilar escrupulosamente el cumplimiento, en todos los casos, de las disposiciones que existen para ellas. A menudo los empresarios que compran y venden estaciones simplemente informan de ello al gobierno. Apenas en julio pasado el Grupo Imagen le compró al empresario Raúl Aréchiga la concesión del Canal 28 de la ciudad de México, a partir del cual ese consorcio mediático quiere establecer una cadena nacional de televisión. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes se limitó a tomar nota de una operación harto discutible. Si la ley se hubiera aplicado con esmero, desde tiempo atrás Aréchiga habría perdido esa concesión que nunca utilizó y cuya inutilidad ha implicado el despilfarro de un bien nacional como son las frecuencias radioeléctricas.

  

   4. Acotar a la COFETEL.   En el terreno de la regulación, el gobierno mexicano dispone de un amplio margen frente a la Comisión de Telecomunicaciones. Uno de los defectos de la Ley Televisa era, precisamente, la autonomía de pacotilla que se le otorgaba a esa Comisión la cual, en cada una de sus atribuciones relevantes,  continúa supeditada a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. A través de esa dependencia, si quisiera, el nuevo gobierno podría moderar las decisiones previsiblemente afines a los intereses de Televisa que tome la mayoría de los miembros de la Comisión. Lo deseable sería, desde luego, que tuviéramos una Cofetel verdaderamente independiente. La que existe hoy no lo es porque sigue orgánica y jurídicamente supeditada al gobierno pero, sobre todo, porque varios de sus integrantes son reconocidos personeros de Televisa.

 

   5. Recuperar tiempo fiscal y emplear racionalmente el tiempo estatal. Con el decreto del 10 de octubre de 2002, el presidente Vicente Fox privó al Estado mexicano del 90% del tiempo del cual disponía en la televisión y del 80% del tiempo al que tenía derecho en la radio. Con otro decreto –si quisiera– el nuevo gobierno podría recuperar todo ese tiempo o parte de él. Como es altamente posible que no quiera, de cualquier manera hay mucho por hacer tanto para reglamentar como para organizar el uso de ese tiempo. Esos espacios son del Estado y no solamente del gobierno, como con oportunidad la Cámara de Diputados le recordó al presidente Fox. Pero si está claro quiénes pueden usar el tiempo fiscal, lo que sigue siendo ambiguo es para qué se debe aprovechar ese espacio que, en los términos actuales, significa 18 minutos diarios en cada televisora y 35 en cada estación de radio.

   El tiempo fiscal se añade, como es sabido, a los 30 minutos que, de acuerdo con la Ley vigente, cada estación de radio y televisión debe otorgar para programas oficiales o culturales. La administración de ese tiempo siempre se ha realizado con la mayor arbitrariedad y el gobierno de Fox no fue la excepción. El tiempo fiscal y estatal podría organizarse de manera racional y eficaz para difundir contenidos distintos a los de índole únicamente comercial. Sería preciso, antes que nada, dejar de utilizarlo en la difusión de obras y logros de instituciones estatales como sugerimos en el punto siguiente.

   Esos espacios podrían tener dos propósitos esenciales. El primero, sería difundir los mensajes de los partidos en temporadas de campaña electoral siempre y cuando sustituyeran a la compra de propaganda en televisión y radio. Una segunda y más frecuente utilización sería su aprovechamiento por parte de grupos de productores y organismos de la sociedad que no suelen tener acceso a los medios comerciales. Los espacios estatales podrían ser licitados entre grupos de esa índole en concursos discernidos por jurados de indudable imparcialidad. Ya existe el antecedente de los certámenes que organizó el IMER para asignar espacios en la Radio Ciudadana cuya programación, hoy en día, está definida por una reconocible variedad de voces, posiciones y preocupaciones.

 

   6. Terminar con la propagada gubernamental. México es uno de los poquísimos países en el mundo en donde el gobierno anuncia en los medios de comunicación sus proyectos y logros. La utilización y en muchos casos la compra de tiempo y páginas para ello sigue formando parte de un comportamiento autoritario y un tanto patrimonialista pero, también, jactancioso y provinciano.

   Al anunciar sus realizaciones el gobierno presenta solamente una parte de la realidad social y política porque nunca destina espacios a reconocer, o a discutir, lo mucho que ha dejado de hacer. Y en realidad lo único que consigue con tales espacios es manifestar que ha cumplido con su obligación porque las obras y acciones que anuncia las ha efectuado en ejercicio de sus responsabilidades.

   Suponer que al pregonar que los hospitales públicos atienden a los enfermos o que las carreteras tienen menos baches los ciudadanos aprobarán de manera automática al gobierno, implica creer que la publicidad moldea voluntades al margen del contexto en el que vive la gente. Y si así fuera, esos anuncios se justificarían todavía menos porque entonces formarían parte de una operación de manipulación por parte del poder político.

   Gran parte de esos espacios se difunden en ejercicio del tiempo fiscal y estatal. Otra, con un gasto cada vez más cuantioso, requiere de la contratación de publicidad comercial en la televisión y la radio –de la misma manera que en periódicos y revistas–. La compra y utilización de espacios para que el gobierno se haga publicidad no tiene justificación alguna. Pero no se trata de una práctica exclusiva de la administración federal. Gobiernos estatales y a veces también municipales, las cámaras del Congreso Federal, organismos como la Comisión de Derechos Humanos y las universidades públicas más importantes, destinan a la contratación de espacios publicitarios una porción a veces cuantiosa de sus presupuestos.

   La contratación de espacios de auto promoción se ha convertido, además, en una fuente de presiones, complacencias y connivencias entre esos gobiernos e instituciones estatales y los medios de comunicación.

   Modificar esa práctica tendría que ser resultado de una decisión tanto del gobierno federal como de los gobiernos locales y las instituciones que hoy en día gastan miles de millones de pesos para ufanarse de los edificios que inauguran, los mexicanos pobres a los que piadosamente socorren o de los premios que han recibido, todo ello con cargo a recursos fiscales.

 

   7. Resolver situaciones irregulares. Desde hace varios meses la frecuencia del Canal 40 en la ciudad de México es manejada por Televisión Azteca sin que a esa empresa le haya sido asignada tal concesión. La confiscación que el consorcio de Ricardo Salinas Pliego hizo de esa frecuencia fue un despojo al concesionario original pero, también, al patrimonio de la Nación porque está utilizando esa señal sin autorización legal. La complicidad del gobierno del presidente Vicente Fox con Televisión Azteca, confirmada en el tortuoso desempeño de la SCT en el litigio alrededor del Canal 40, hizo posible esa apropiación. Si quisiera diferenciarse de tales prácticas, el nuevo gobierno federal simplemente podría emprender una revisión rigurosa de ese y de los casos similares que puedan existir y aplicar la ley.

 

   8. Medios auténticamente públicos. Sofocados por ingentes carencias presupuestales y sometidos a la posibilidad de que una decisión burocrática modifique sus derroteros o sustituya a sus autoridades, los medios de radiodifusión del Estado se mantendrán en una situación precaria mientras no tengan garantías institucionales para vivir con recursos suficientes y con la autonomía que requiere su trabajo profesional. Aunque esas limitaciones se deben en parte a la discriminación que les impone la Ley Federal de Radio y Televisión que les prohíbe apuntalar sus finanzas con la venta de espacios publicitarios, los medios del Estado podrían tener nuevo aliento si el gobierno del presidente Calderón viera en ellos un recurso para promover la diversidad mediática.

 

   9. Medios comunitarios. El desarrollo de las radiodifusoras comunitarias tendrá que ser resultado, fundamentalmente, del respaldo y la adhesión que encuentren en los núcleos sociales en los cuales y para los cuales han surgido. Pero el gobierno podría reconocer de varias maneras esa expresión saludable de una sociedad que quiere expresarse y que apuesta por la comunicación. Exenciones fiscales, créditos y facilidades para la compra de equipos, becas y apoyos para sus productores y sobre todo la eliminación de obstáculos administrativos como los que con tanta pertinacia se les impusieron a esas radiodifusoras en los años recientes, serían formas de respaldar su desarrollo. Tales medios, por su parte, además de ofrecer contenidos más profesionales podrían incursionar en otros espacios como la creación de canales de audio y video en Internet y (¿por qué no?) el establecimiento de televisoras comunitarias como hay en otros sitios de América Latina.

 

   10. Publicidad y contenidos en radio y TV: aplicar la ley. La legislación ahora vigente –tanto la Ley de 1960 como el reglamento que Fox expidió en 2002– son harto discutibles pero, con todo y sus abundantes defectos, tienen disposiciones cuya aplicación sería ventajosa para la sociedad. Actualmente no hay auténtica fiscalización sobre el tiempo permitido para la difusión de mensajes comerciales. La clasificación de programas suele ser desconocida por los televidentes. Muchos programas de concurso no respetan la dignidad de las personas. Los recursos de “baja comicidad” –prohibidos por la Ley– son el verdadero precepto que rige en numerosos espacios de Televisa y TV Azteca.

   Sería preciso revisar las multas establecidas para sancionar a los concesionarios que infringen tales disposiciones. Y aun sin esos cambios el gobierno podría inducir, con la ley en la mano, un comportamiento de las televisoras menos descomedido hacia la sociedad.

 

   11. Informar sobre los medios. En buena medida la discrecionalidad, la inmoderación e incluso la impunidad de muchos medios en México se ha debido al secreto en el que se desarrollan y se relacionan con otros poderes. El gobierno federal está obligado a mantener un Registro Federal de Telecomunicaciones en el que, además de los datos de cada concesión, podrían darse a conocer informes sobre las audiencias reales y el carácter de los programas que difunden los medios electrónicos. El gobierno federal también podría respaldar proyectos sociales y académicos para el estudio y la observación de los medios de comunicación.

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