La construcción del suspenso

octubre 19, 2009

La angustia en torno a la suerte posiblemente trágica del pequeño Falcon Heene mantuvo en vilo el jueves pasado a los medios de comunicación en Estados Unidos –y, con ellos, en buena parte del mundo–. La sospecha de que el niño de 6 años estuviera volando a la deriva en un globo aerostático fabricado por su padre en un pueblo de Colorado, hizo temer que pudiera sufrir un accidente.

Compasión y solidaridad, pero sobre todo sensacionalismo y espectacularidad, concentraron la atención de televidentes e internautas y especialmente de las empresas mediáticas. Ahora, la cada vez más acreditada posibilidad de que todo haya sido un engaño prefabricado por el padre del niño, desata la ira de los medios pero podría suscitar, también, una reflexión aunque sea breve acerca de la ligereza con que se construyen los acontecimientos en la hiper conectada sociedad actual.

La alerta en torno a Falcon Heene, pero sobre todo la rápida reacción de medios y autoridades en Colorado, se convirtió en noticia global en unos cuantos minutos. La conferencia de prensa que ofrecía el presidente Barack Obama en Nueva Orleans, recordando el desastre ocasionado por el huracán Katrina, fue desplazada en los canales de noticias televisivas por las imágenes de la angustiada familia en Fort Collins, Colorado, y luego por las desesperantes escenas del globo de helio que comenzaba a caer mientras millones de televidentes suponían que allí iba el pequeño Falcon, quizá en sus últimos instantes de vida.

No pasó mucho tiempo para que se supiera que el niño estaba escondido en el ático de su casa, al parecer temeroso del regaño de su padre por haberse acercado al globo. De la sorpresa y el alivio, el comportamiento de muchos medios y de no pocos televidentes e internautas, transitó a la contrariedad e incluso al reproche. En pocos minutos, que parecieron eternos para quienes seguían a través de la televisión mundial las peripecias de helicópteros y avionetas rastreadoras, se había construido un intenso y exigente acontecimiento. La inermidad del niño de 6 años, cuya fotografía era mostrada en las pantallas junto a la aflicción de sus padres, era mayúscula cuando se le imaginaba en aquel globo con forma de platillo volador que surcaba los cielos de Colorado a más de 30 kilómetros por hora y a unos 3 mil metros de altitud.

La zozobra de la audiencia planetaria se puso en tensión cuando el globo llegó a tierra, sin rastros del niño. El suspenso, fabricado minuto tras minuto, parecía desembocar en tragedia. Pero el final feliz que significó esa tarde del jueves 15 de octubre la aparición del contrito Falcon Heene, se trocó en reproches y amargura. Los medios internacionales le habían dedicado dos largas horas a seguir a un globo con forma de platillo volador y que iba absolutamente vacío. Había sido, literalmente, una noticia hueca, insustancial, inflada. No fue más que una  aparatosa volada, como se les dice a las mentiras en el argot de la prensa mexicana.

Más tarde, las sospechas sobre la posibilidad de que el padre del niño falsamente aeronauta hubiera fraguado todo el episodio, terminaron de exacerbar el disgusto mediático. Aunque inicialmente se le presentó como un científico aficionado que se interesaba en estudiar asuntos climáticos, pronto se supo que Richard Heene tiene actitudes bastante extravagantes y una conocida proclividad por los reflectores mediáticos. El solo hecho de que el globo de propósitos presuntamente investigativos tuviera forma de platillo volador, tendría que haber desatado algunas sospechas. Pero además, los Heene eran conocidos porque participaron en un reality show de madres que intercambian familias durante un par de semanas.

Aquellas desconfianzas encontraron mayor asidero esa misma noche cuando, en una entrevista para el programa de Larry King en CNN, el pequeño Falcon explicó, mirando a su padre: “tú dijiste que hiciéramos esto por el show de televisión”.

El viernes, evidentemente agobiado, el niño de 6 años vomitó durante dos entrevistas en cadena nacional para la televisión estadounidense. Tanta y tan excesiva atención a ese asunto iba más allá de los parámetros profesionales o noticiosos de las corporaciones mediáticas. Pero el espectáculo televisivo seguía encontrando una viciosa fascinación en aquel frágil y azorado niño.

El affaire del niño del globo podemos leerlo como una metáfora, en varios sentidos, de la liviandad mediática de nuestros días. Después de dos horas de persecución en vivo y en directo, no quedaba más que un globo desinflado. Al lado de asuntos de relevancia y densidad indudablemente mayores, la agenda de los medios había estado dominada por un episodio literalmente volátil.

Pocos acontecimientos recientes subrayan, como ese, la en ocasiones insustancial globalización creada por la instantaneidad de las comunicaciones contemporáneas.

Ahora se dice que la policía está pensando fincarle cargos al padre del niño por engañar a las autoridades. Por lo pronto ya se venden camisetas y tazas que proclaman “Salven al niño del globo”.

Y en Internet, desde este fin de semana hay un juego que muestra al niño del globo colgado de un platillo volador y lidiando con gaviotas que lo atacan. El sitio, llamado Balloonboygame.com, tiene como subtítulo “¿cuándo dinero de los contribuyentes crees que puedes desperdiciar?”.

Hay quien considera que este asunto se parece a un capítulo de los Simpson. Pero no se trató de un travieso Bart sino, si se confirman las versiones más recientes, de un padre manipulador y sinvergüenza al estilo de Homero Simpson. Antes nos llamaban la atención las situaciones que oscilaban de la tragedia, a la comedia. Ahora estamos ante una realidad que imita a la caricatura.

Publicado en eje central


Obama y McCain en línea

agosto 30, 2008

Publicado en Nexos, agosto de 2008

La granja

Es imposible saber cuántas simpatías le redituó, pero sin duda la heterodoxia de la campaña protagonizada por el ahora aspirante demócrata a la presidencia de Estados Unidos quedó subrayada con el video “I got a crush… on Obama” (algo así como estoy fascinada con Obama) que comenzó a circular en Internet en junio de 2007. Amber Lee Ettinger, una guapísima modelo de 25 años, aparece allí revoloteando alrededor de imágenes de Barack Obama mientras canta su embeleso con una melodía muy pegajosa.

El video de la Obama Girl no lo produjo la campaña del senador por Illinois sino el grupo Barely Political, dedicado a realizar parodias con videos en línea. La voz que se escucha en la canción no es de la señorita Ettinger, que hace play back. Pero no importa: nadie contemplaba el video debido a sus peregrinas implicaciones políticas sino por el mundano gusto de ver a la Chica Obama. Ella se convirtió en celebridad instantánea y el entonces precandidato recibió toneladas de propaganda involuntaria. En el transcurso de un año, el video fue visto 9 millones de veces tan solo en YouTube.

La campaña rumbo a las elecciones de noviembre en Estados Unidos evidentemente pasa por Internet. Nadie puede estimar qué tanto influirá la intensa propagación de videos, blogs y sitios en la Red que hacen alusión a los candidatos presidenciales. Pero es claro que gran parte de la publicidad favorable y adversa que reciben esos personajes políticos surge y se desparrama en línea, para en ocasiones brincar después a los medios convencionales.

Dollar$.com

Gracias a Internet, Barack Obama ha podido recaudar más contribuciones que cualquiera de sus contendientes. Tanto así, que en junio pasado anunció que rechazará el financiamiento público al que tendría derecho cuando fuera candidato presidencial y que ascendería a 80 millones de dólares. Al prescindir de esos recursos el aspirante del Partido Demócrata dejará de tener los límites que establece la legislación estadounidense para la recaudación de fondos en las campañas presidenciales. Hasta fines de mayo, Obama había recolectado algo más de 286 millones de dólares gracias a contribuciones individuales. Su contendiente por el Partido Republicano, John McCain, reunió algo menos de 120 millones de dólares.

Parte de ese éxito financiero Obama se lo debe a las cadenas de simpatizantes articuladas en Internet. La existencia de redes que se conforman a partir de recomendaciones de amigos y conocidos ha encajado de manera casi natural con el estilo fresco, contrastante con la política predominante, que ha tenido su campaña. Surgidos como espacios para que se relacionaran los estudiantes en universidades y colegios, los portales de redes sociales se han ampliado a los usos más diversos. La página de Obama en MySpace tenía a fines de junio de este año más de 405 mil “amigos”, es decir, gente que solicitó expresamente formar parte de esa cadena de comunicación en línea. La página de John McCain contaba sólo con 55 mil adherentes.

En Facebook, por las mismas fechas, Barack Obama tenía casi 1 millón 100 mil partidarios. McCain reunía a menos de 153 mil. El rating en Internet puede resultar engañoso y no representa las tendencias electorales de los estadounidenses. Desde que comenzó a desarrollarse a mediados de los años 90, la Red ha sido un territorio más abierto a posiciones contestatarias que a la política institucional. El primer político de ese país que aprovechó con éxito las capacidades propagandísticas de Internet fue el ex luchador (de lucha libre) y comentarista de radio Jesse Ventura, miembro del dudoso Partido de la Reforma. En 1998, en buena medida gracias a la Red, Ventura ganó la gubernatura de Minnesota. Un lustro más tarde Howard Dean, cuando aspiraba a la candidatura presidencial en el Partido Demócrata, recaudó buena parte de sus recursos de campaña a través de su sitio web.

Escaparate

La campaña de Obama ha recuperado esas experiencias en una paradójica interacción con sus simpatizantes. Su equipo de campaña ha tenido éxito para aprovechar extensa e intensamente los recursos de expresión y cohesión que le ofrece Internet para relacionarse con sus partidarios. Y ellos, a su vez, han creado nuevas extensiones de esas redes. La campaña en línea ha sido, fundamentalmente, un recurso para afianzar la presencia pública que Obama consiguió gracias a los medios convencionales, especialmente la televisión.

La recaudación financiera de esa campaña se ha podido propagar en Internet pero los donantes de Obama no son fundamentalmente cibernautas que contribuyen con unos cuantos dólares. A partir de un corte parcial de datos compendiados por el Center for Responsive Politics, podemos estimar que apenas el 8% del dinero recaudado por Obama proviene de donaciones inferiores a 500 dólares. Algo más del 11% de los recursos obtenidos por esa campaña surgió de aportaciones de entre 500 y mil dólares. El 26% de la cosecha financiera de Obama provino de contribuciones de entre mil y 2300 dólares, que es el límite máximo que la legislación estadounidense establece para contribuciones individuales. Y el 55% del dinero que ese candidato había recaudado hasta junio de 2008 surgió de contribuciones mayores a 2300 dólares.

Hasta mediados de 2008, el 6% de los estadounidenses había donado dinero a alguna campaña política a través de Internet. La Red es un escaparate imprescindible para la política en Estados Unidos. Pero su influencia se articula con la exposición de los candidatos en otros medios y, desde luego, con la vigencia de redes de relación e interés tradicionales.

Desinformación

Cuatro de cada 10 ciudadanos en ese país utiliza la Red para buscar información acerca de las campañas electorales. En las campañas de 2004 eran 3 los estadounidenses mayores de 18 años que, de cada 10, le daban ese uso a Internet. Y en 2000 fueron apenas 1.6 de cada 10, de acuerdo con el Pew Research Center.

Esa institución ha constatado que, en 2008, el 35% de los estadounidenses en edad de votar ha mirado en línea videos relacionados con las campañas electorales. Y un 10% de tales ciudadanos utilizan redes como Facebook y MySpace para involucrarse en política.

Sin embargo solamente el 9% de los estadounidenses declara haber leído en línea al menos un discurso completo de algún candidato. En otras palabras, Internet le sirve al 40% de los ciudadanos en ese país para enterarse de asuntos relacionados con las elecciones. Pero no se podría afirmar que la información que obtienen trascienda las apreciaciones generales, o las trivialidades.

A pesar de esa creciente confianza a la Red como fuente de información política el 60% de los estadounidenses, a pregunta expresa en la encuesta del Pew Center, considera que “Internet está llena de desinformación y propaganda que muchos votantes creen que es exacta”. Pero el 22% coincide en reconocer “yo no estaría involucrado tanto en esta campaña si no fuera por Internet”.

Con todo y esas paradojas en su relación con la política, Internet no tendría tanta importancia de no ser por la amplia cobertura que ha alcanzado en dicho país. En Estados Unidos más del el 71% de la población (unas 215, de 301 millones de personas ) tiene acceso a Internet. En México, también a mediados de 2008 y aunque los datos no se actualizan con frecuencia, podía estimarse que menos del 22% de la población contaba con posibilidades para acceder de manera regular a ese recurso y una porción considerable, quizá la tercera parte de esos usuarios, solamente puede hacerlo en sitios de paga como los cibercafés.

Amigos en Facebook

Hoy en día no podría concebirse una campaña política que no estuviera reflejada en Internet. Con frecuencia hemos entendido a la Red de redes como una suerte de colección de espejos de la realidad. Lo que hay en la vida fuera de línea, puede encontrar su correspondiente réplica en Internet. Pero La Red se constituye, cada vez más, en un amplio catálogo de espacios de los que surgen contenidos, actitudes e interacciones que luego son reproducidos en otros espacios fuera de línea, entre ellos medios como la televisión y la prensa. El quehacer político es expresión de esas nuevas interacciones.

Por eso, la importancia de los sitios en línea destinados a las campañas electorales va más allá de la Red. El sitio oficial del candidato presidencial demócrata, www.barackobama.com , se encuentra en el lugar 1489 entre los más visitados en Internet, de acuerdo con la clasificación del portal Alexa.com. De acuerdo con nuestras estimaciones, realizadas a partir de datos de Alexa proyectados con cifras de los usuarios de Internet, eso significa que cada día el sitio de Obama recibió un promedio de 929 mil visitas diarias entre marzo y junio pasados. En cambio el sitio del candidato republicano, www.johnmccain.com, está en el lugar 13365 y habría sido visitado por unas 137 mil personas cada día, en ese lapso.

Los visitantes de barackobama.com consumen más contenidos en ese sitio que quienes se asoman al sitio de McCain: 3.75 páginas frente a 2.67, respectivamente. Quizá sea porque en el de Obama hay mayor oferta de contenidos, o porque los interesados en ese candidato buscan más información, pero la navegación en barackobama.com es más fructífera. También suscita más interés fuera de Estados Unidos. El 14% de los visitantes del sitio de McCain y el 25% de quienes se asoman al sitio de Obama lo hacen desde otros países.

Los “amigos” de Obama en Facebook pueden tener un vistazo a la personalidad de ese candidato que nació el 4 de agosto de 1961 y que, como todos los usuarios, ha registrado allí sus preferencias. Le interesan el basquetbol, escribir y flojear con los niños. Música favorita: Miles Davis, John Coltrane, Bob Dylan, Stevie Wonder, las suites de cello Johann Sebastian Bach y Los Fugees (un grupo de hip hop). Películas: Casablanca, El Padrino, Lawrence de Arabia y Atrapado sin salida. Libros: La canción de Salomón de Toni Morrison, Moby Dick, tragedias de Shakespeare, Partiendo las aguas (de Taylor Branch, sobre Estados Unidos en los años de Martin Luther King), Galaad (una novela de Marylinne Robinson), Autoconfianza de Emerson, La Biblia, las obras completas de Lincoln. Programa de televisión favorito: Sportscenter (el noticiero de la cadena de deportes ESPN). Frase emblemática: “El arco de la moral universal es largo pero se inclina hacia la justicia” (Luther King).

En Facebook, como hemos señalado, John McCain tiene siete veces menos adherentes que Obama. Pero eso no impide que se conozcan algunas preferencias de ese candidato que también nació en agosto, pero de 1936. Intereses: deportes, escalar, pescar, boxear, basquetbol, futbol americano, beisbol, historia. Películas favoritas: Viva Zapata, Cartas de Iwo Jima, Una Eva y dos Adanes. Libro: Por quién tocan las campanas. Programas de televisión: 24, Seinfeld.

Parodias en YouTube

La circulación de videos con temas políticos, aunque no necesariamente serios, ha sido tan intensa que YouTube creó un apartado especial para las campañas estadounidenses. En el canal destinado a Obama hasta junio pasado había 1120 videos disponibles que habían sido vistos, en conjunto, en 14 millones 600 mil ocasiones desde septiembre de 2006. El canal de McCain en YouTube tenía 207 videos, con 750 mil descargas desde febrero de 2007.

El video de la Obama Girl no se encuentra en ese canal porque no forma parte de la campaña formal del candidato demócrata. E igual que ese, hay muchos otros que son considerablemente más vistos que los videos oficiales. El video más popular en el que se hace referencia a Obama es una imitación de otro, en donde la cantante Rihanna interpreta su éxito musical “Umbrella”. En la parodia, un personaje que supuestamente es Obama aparece en jubiloso affaire con una dama que pretendidamente es Hillary Clinton. Habrá quienes lo encuentren divertido y algunos otros considerarán que ese video es ofensivo. Entre febrero y junio había sido visto 14 millones y medio de veces.

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Menos Televisa en Estados Unidos

julio 9, 2007

Publicado en Zócalo, mayo de 2007

El mercado hispano en Estados Unidos ha sido obsesión y perdición para Televisa. Una y otra vez, durante más de dos décadas, el consorcio mexicano ha intentado ampliar su presencia en la televisión de aquel país pero ha tropezado con obstáculos legales y comerciales. La venta de las acciones que tenía de la empresa Univisión, anunciada a fines de marzo pasado, pareciera postergar por un plazo indefinido esa ambición que mantuvo el viejo Emilio Azcárraga Milmo y que compartió su hijo, el actual presidente de Televisa, Emilio Azcárraga Jean.

   A Televisa no le fue mal en la venta de esas acciones. Cobró mil 94 millones de dólares por un paquete que alcanza aproximadamente el 11% de la propiedad de Univisión. Esa empresa, que es la más importante en el mercado de los medios hispanos en Estados Unidos, fue adquirida por el grupo de inversionistas Broadcasting Media Partners organizado por el empresario judío-egipcio Haim Saban. Ese es el personaje que demolió las antiguas aspiraciones de Televisa para ampliar su participación en Univisión.

   Restringida por la legislación estadounidense que no le permite a un extranjero tener más de la cuarta parte de las acciones en una empresa de radiodifusión, Televisa se encontraba crecientemente arrinconada en las decisiones sustanciales dentro de Univisión. La disputa por el pago de los programas que la empresa mexicana le arrienda a la cadena estadounidense llevó a Azcárraga Jean a retirar a sus representantes del consejo de administración de Univisión y a enfrascarse en una disputa, que duró casi tres años, con el hasta hace poco principal funcionario de Univisión, Jerrold Perenchio.

 

Quinta cadena televisiva en EU

   Las diferencias con Perenchio –un antiguo representante de artistas y promotor de peleas de box que ahora se retira de la televisión en español después de haber vendido su parte por 1300 millones de dólares– entorpecieron los proyectos de Televisa para comprar Univisión. La empresa que llega a la mayor cantidad de hogares hispanos en Estados Unidos era propiedad de accionistas encabezados por Perenchio, del empresario venezolano Gustavo Cisneros y de la propia Televisa, entre otros. En la puja para adquirir Univisión participaron varios consorcios de los medios internacionales pero en marzo de 2006 el monto mayor fue ofrecido por el grupo que organizó Haim Saban, un empresario que se ha dedicado a comprar y vender medios de comunicación y que hace dos décadas comenzó a enriquecerse adaptando y traduciendo series de caricaturas japonesas –como Power Rangers y Las Tortugas Ninja– para el mercado estadounidense.

   En 1992, Jerry Perenchio y sus socios, entre ellos Azcárraga Milmo, pagaron 550 millones de dólares por Univisión. A partir de entonces el valor de dicha empresa se incrementó tanto debido a la expansión de los hispanos en Estados Unidos como a la diversificación del consorcio. Actualmente hay más de 41 millones de hispanos, que constituyen más del 14% de la población estadounidense.

   Univisión se ha convertido, por su importancia, en la quinta cadena de televisión en aquel país, después de CBS, Fox, ABC y NBC. Además tiene los canales Tele Futura y Galavisión con alcance nacional. Maneja 147 licencias de radio y televisión. Es propietaria de una empresa disquera y de Univisión Online, que se encuentra entre los portales en español de mayor audiencia en Internet.  

   Sus nuevos propietarios, pagaron 12 mil 300 millones de dólares por Univisión. Además, se hicieron cargo de la deuda por 1400 m.d.d. que tiene ese consorcio. La compra es arriesgada, pero no es una simple aventura, si se considera que Univisión tiene utilidades anuales por 2 mil 200 millones de dólares.

   Perenchio, que hace 15 años pagó 33 millones de dólares por su porción de esa empresa y ahora se lleva 1300, hizo un buen negocio. La cantidad que Televisa gastó para adquirir su paquete de acciones de Univisión también se multiplicó. Sin embargo no era vender lo que ya tenía, sino comprar el resto del consorcio, lo que buscaba la empresa encabezada por Azcárraga Jean.

 

Proveedor de contenidos

   Televisa, no obstante, seguirá presente en el mercado de la televisión hispana en Estados Unidos. Hasta ahora ha sido el principal proveedor de contenidos para Univisión y nada indica que, por lo pronto, esa situación tuviera que cambiar.

   Los programas de Televisa solamente pueden ser transmitidos, en Estados Unidos, por Univisión. Así se establece en un convenio con vigencia hasta 2017 y que ambas empresas ratificaron el año pasado para apaciguar las versiones sobre una posible retirada de ese mercado por parte del consorcio mexicano.

   La producción propia de Univisión está constituida por series como Sábados Gigantes, Cristina y el noticiero que lleva el nombre de esa cadena. Pero en lo fundamental, sobre todo en los horarios de mayor audiencia, se nutre de telenovelas y otras series de Televisa.

   Si hasta ahora le han ofrecido buenos rendimientos con escaso esfuerzo, pues la relevan de la necesidad de arriesgar, producir y promover contenidos nuevos, podría pensarse que Univisión seguirá explotando la cómoda fórmula que significa retransmitir los programas de Televisa. Esa situación podría cambiar si, como sugieren algunos  indicadores, las tendencias de los telespectadores hispanos se modifican en los próximos años.

   La teleaudiencia de Univisión, como de todos los medios en español en Estados Unidos, está conformada por migrantes de edad madura o avanzada que llegaron a ese país hace quizá dos décadas y que en parte debido a la dificultad que encuentran para entender el inglés, o simplemente porque no han querido integrarse del todo a la cultura anglosajona, prefieren consumir medios en su lengua nativa. Otra porción de ese auditorio está constituida por los migrantes de recién incorporación, de manera legal o no, al mercado de trabajo en ese país.

   Sin embargo los latinos más jóvenes se interesan cada vez menos por los contenidos en español. Se trata de los hijos o los nietos de las anteriores generaciones de migrantes y aunque reconocen y quizá practican algunas tradiciones familiares, la mayoría de ellos trabaja, convive, se relaciona, se expresa y piensa en inglés. Para esos estadounidenses el consumo de medios en español se vuelve cada vez más irrelevante.

 

Preferencia por el inglés

   Esos estadounidenses de origen latino pero con intereses sociales, laborales e incluso culturales y políticos afianzados en comunidades en donde el inglés es preponderante, son los hispanos de mayor capacidad de consumo. Así que cuando los analistas de medios hispanos en aquel país destacan el gran crecimiento del mercado de contenidos en español, soslayan el hecho de que cada vez más los estadounidenses de ese origen prefieren comunicarse en inglés.

   De 42 millones de hispanos contabilizados en 2005, 25 millones nacieron en Estados Unidos y algo menos de 17 millones migraron desde otros países. De acuerdo con estimaciones del Pew Hispanic Center, entre los mayores de 18 años, el 47% considera que su inglés es malo. Pero solamente el 20% de los menores de esa edad dice que habla mal el inglés.

   Entre los mayores de 18 años, el 18% solamente habla inglés. Y entre los menores de esa edad, los no hispano hablantes ascienden al 31%.

   En otras palabras, cada vez habrá más estadounidenses que, a pesar de su origen hispano, no hayan tenido oportunidad o necesidad de aprender nuestra lengua. Las transmisiones de Univisión y del resto de los medios estadounidenses en español no serán para ellos.

  

Transición mediática y cultural

   Otro estudio del mismo Pew Hispanic Center encontró, en 2004, que solamente el 24% de los estadounidenses de origen hispano prefería a los medios que difunden únicamente en español. El 44% dijo que le gustan los medios tanto en una como en otra lengua y el 31% afirmó que prefiere a los medios que difunden exclusivamente en inglés. Mientras más alta son la escolaridad y el ingreso, más acentuada es la inclinación por el inglés en el consumo mediático de esos estadounidenses.

   Así que los medios en español pueden convertirse en proveedores de contenidos para los más pobres, con menor educación y seguramente con situación migratoria más inestable, entre las personas de origen hispano que radican en Estados Unidos. Esa es una de las crecientes debilidades no solamente de empresas como Univisión que difunden para esas comunidades sino, incluso, de productoras en nuestra lengua como la misma Televisa.

   En términos mercantiles, que son los que prevalecen para establecer el auge o el quebranto de tales empresas, las audiencias en español podrían estar destinadas a tener una importancia marginal en el futuro de los medios estadounidenses. No faltarán quienes se inconformen e incluso se indignen con diagnósticos como ese. Al uso del español tanto en las familias como en los medios de origen latino, se les considera baluartes culturales en donde se practican y reivindican valores que influyen en la cohesión de las comunidades de ese origen dentro de Estados Unidos. Por otra parte, el uso del español y la preponderancia de trabajadores de origen latino es muy evidente en las principales ciudades de ese país, comenzando por la cosmopolita y cada vez más hispanizada Nueva York.

   ¿Cómo entender, entonces, la paradoja que significa un consumo de medios cada vez más anglosajón al mismo tiempo que hay una creciente presencia de los latinos y su idioma en Estados Unidos? Posiblemente hay que reconocer que nos encontramos en el curso de una transición cultural, generacional y también mediática. Para millones de latinos en ese país el idioma español es instrumento de comunicación e incluso señal de identidad. Pero conforme se integran a la vida estadounidense –no necesariamente a la cultura anglosajona, pero sí a la existencia cotidiana que implica trabajar, negociar y subsistir en inglés– esos latinos, sin dejar de hablar su lengua de origen o la de sus familias, quieren informarse y entretenerse en inglés.

 

Anticuado modelo televisivo

   Los nuevos dueños de Univisión seleccionaron a Joe Uva, un especialista en mercadotecnia, para reemplazar a Perenchio como nuevo gerente general del consorcio. El hecho de que no conozca las peculiaridades de los medios en español es algo más que un detalle. Uva ha sido presidente de Ventas del consorcio Turner y luego encabezó a una empresa relacionada con publicidad y nuevas tecnologías. Seguramente querrá desarrollar el portal de Univisión en Internet aunque, en el uso de la Red, los latinos manifiestan las mismas tendencias que en el consumo de televisión: cada vez más, y sobre todo los más jóvenes, prefieren navegar en inglés.

   No sería sorpresivo que dentro de pocos años los canales de Univisión difundieran programas en inglés. Eso significará un giro respecto del nicho de mercado que hasta ahora esa cadena ha usufructuado, a la vez que la búsqueda de audiencias entre quienes miran televisión en inglés.

   De ser así, quizá el fracaso al no poder comprar Univisión no haya sido tan perjudicial para Televisa. Si el futuro de la televisión en español es incierto, a la empresa mexicana podría convenirle más incursionar en otros mercados.

   Al seguir apostando a la difusión de sus telenovelas, programas de concurso y humorísticos entre los estadounidenses de origen hispano, Televisa se mantiene como opción –aunque carezca de canales de difusión directa– para los mexicanos que radican en Estados Unidos y que no hablan inglés. A la sociedad y al Estado mexicanos tendría que interesarle sobremanera la difusión de contenidos para esa comunidad de compatriotas nuestros. Pero hasta ahora, nos hemos conformado con que las necesidades de información y esparcimiento de estas audiencias las atienda la televisión privada de nuestro país.

   Por otra parte, al propagar contenidos de esa índole Televisa insiste en lucrar con un modelo de televisión anticuado. Aunque mantienen índices de audiencia nada despreciables, los programas de la empresa mexicana encuentran cada vez más rechazo entre los estadounidenses de origen hispano. En los foros de discusión del portal de Univisión se pueden hallar insistentes críticas a los programas producidos por Televisa

   La programación de Televisa, además, le ha comenzado a salir cara a la cadena estadounidense. Uno de los problemas que retrasó la formalización de la compra de Univisión fue la demanda que desde 2004 habían presentado grupos ciudadanos como la Coalición Nacional para los Medios Hispanos y la Oficina de Comunicación de la Iglesia Unida de Cristo, inconformes porque en una veintena de filiales de ese consorcio no se cumplía la obligación que las televisoras en ese país tienen para transmitir al menos tres horas semanales de programación destinada a cubrir los requerimientos educacionales e informativos de los niños.

   Los demandantes alegaron que la transmisión de telenovelas como “Cómplices al rescate”, “Vivan los niños” y “La niña de la mochila azul” –todas ellas, producidas por Televisa– había suplantado a la programación infantil de calidad. Una de las condiciones que la Comisión Federal de Comunicaciones impuso para aprobar la venta de Univisión fue el pago de una multa por 24 millones de dólares.

   Si reconoce la diversidad y los cambios de sus audiencias, Univisión tendrá que producir más programas propios y comprarle menos a Televisa. Ese giro, si implica menos espacio para programas en español, podría perjudicar a muchos mexicanos que viven en Estados Unidos. Pero esa modificación en el panorama comunicacional de y para las audiencias hispanas también podría significar una mayor y quizá mejor diversidad de contenidos en nuestra lengua. Menos Televisa y, por ejemplo, más programas de la televisión pública mexicana, sería una manera perspicaz de responder a los desafíos que implican los cambios en Univisión y en el mercado en el cual esa es la empresa emblemática.

  

 

Referencias

-Jim Puzzanghera y Meg James, “Univision new owners start with tough program”. Los Angeles Times, 28 de marzo de 2007.

-Meg James, “Univision’s new ownership takes over”. Los Angeles Times, 30 de marzo de 2007.

-Pew Hispanic Center. http://pewhispanic.org


La sociedad del chisme

diciembre 15, 2005

La Crónica, enero 17 de 2005

Ayer la edición dominical de esta columna se ocupó de la reciente decisión de la televisora estadounidense CBS para despedir a varios periodistas que estuvieron involucrados en la transmisión de un reportaje sobre los esfuerzos de George W. Bush, hace 30 años, para no hacer el servicio militar en Vietnam. Alguna de las fuentes de esa información fue señalada como falsa. Entonces, dicha empresa contrató a un ex director de la agencia AP y a un ex abogado general de Estados Unidos para que establecieran si los datos del reportaje había sido suficientemente verificados.

   Las conclusiones del comité son parciales y discutibles. Pero más allá de ese litigio, en donde ha estado en juego el prestigio de una de las corporaciones mediáticas de mayor influencia, podríamos preguntarnos si algún medio de comunicación en México estaría dispuesto a un esfuerzo de auditoría periodística como el que realizó la CBS.

   La respuesta es evidentemente negativa. En México no tenemos un solo medio de comunicación en donde la credibilidad sea considerada como un valor tan fundamental que, en su defensa, pudieran empeñarse revisiones del trabajo interno, reconsideraciones sobre notas ya publicadas y decisiones como las que, si bien de manera cuestionable, tomó la televisora estadounidense.

   Algunos de los medios con más recursos y audiencia en México tienen, por lo general, públicos cautivos. En la televisión no hay auténtica competencia y las dos empresas en ese ramo pueden mantener niveles de calidad ínfimos, tanto en su programación general como en la producción de noticieros. La confianza de los televidentes no les resulta importante porque la gran mayoría de ellos no tiene más opciones que esas para entretenerse e informarse.

   En la radio hay cierta competencia por los auditorios pero casi todos los noticieros son idénticos. Hay pocas excepciones a ese esquema consistente en propagar muchos dichos aunque, en el fondo, se expongan pocos hechos.

   La prensa padece la misma declaracionitis aunque en algunos casos la adereza con un contexto de opinión que llega a ser distinto de una publicación a otra. Pero en la mayoría de los periódicos las inercias pesan más que la búsqueda de la confianza de los lectores.

   En la reciente crisis en la CBS, una de las preocupaciones principales era la escrupulosidad que los autores del reportaje sobre el joven Bush habían tenido para verificar los documentos que recibieron de una fuente no acreditada. En el periodismo internacional el empleo de fuentes anónimas es considerado como un recurso de excepción. Una filtración puede ofrecer indicios para profundizar el trabajo del reportero pero nunca constituye, por sí sola, una información confiable y que pueda ser considerada resultado del trabajo periodístico.

   Los medios mexicanos, en cambio, se han –y nos han– habituado de tal manera a la publicación de versiones anónimas que con frecuencia se da por sentado que esa es una fuente regular de noticias.

   En pocas ocasiones se repara en la debilidad de las noticias cuya fuente no se hace del conocimiento público y que, por ello, es de esperarse que obedezcan al interés de quienes filtran más que al afán profesional y periodístico.

   Habituados a las filtraciones, estamos hundiéndonos en una sociedad del chisme. De pronto ya no tienen importancia sustantiva las acciones públicas de los gobernantes sino las murmuraciones que profieren en privado.

   Intercepciones telefónicas, infidencias anónimas y hasta la suposición indocumentada de lo que se presume piensan, pretenden o ambicionan, llegan a ser las fuentes de información a partir de las cuales evaluamos y juzgamos a los personajes públicos. Incluso, esas indiscreciones o especulaciones son esgrimidas por otros personajes para debatir con ellas.

   La semana pasada entre los asuntos más comentados estuvieron las afirmaciones que, aparentemente, había dicho la señora Marta Sahagún de Fox en una comida con amigos suyos y de su esposo en los últimos días del año. Todos los personajes públicos deberían tener derecho a decir los despropósitos que les viniera en gana siempre y cuando lo hicieran en privado. Sin embargo las expresiones atribuidas a la señora Fox llegaron a suscitar enfáticas reclamaciones de Andrés Manuel López Obrador.

   Fascinados con el chismerío, nos hemos convertido en una sociedad de verdades a medias. La murmuración desplaza a la información. Y a los medios, en su gran mayoría, no les interesa la confiabilidad de sus fuentes y la seriedad de las noticias sino el estruendo que puedan causar.

 


Lecciones del Rathergate

diciembre 15, 2005

La Crónica, enero 16 de 2005

La del primer martes de noviembre no ha sido la única victoria reciente de George W. Bush. Luego de ganar la reelección, el presidente de Estados Unidos acaba de obtener un notorio triunfo político y propagandístico gracias a la decisión de la CBS, una de las cadenas de televisión más importantes en ese país y en el mundo, para despedir a los responsables de un reportaje en donde se cuestionaba su trayectoria en las fuerzas armadas.

   El lunes pasado, 10 de enero, la CBS anunció el despido de la productora del programa 60 Minutos de los miércoles que tuvo a su cargo la investigación y las determinaciones principales en el reportaje transmitido en septiembre pasado acerca de las maniobras de George W. Bush, cuando era joven, para no ir a la guerra en Vietnam. Una indagación realizada por un comité externo a esa televisora encontró que los documentos en los que se apoyaba el reportaje no fueron suficientemente confiables.

   La decisión de la CBS está siendo considerada como un esfuerzo para recuperar confiabilidad ante sus audiencias, después de las intensas críticas que recibió –especialmente entre partidarios del presidente Bush– por difundir aquella pieza periodística. Pero también se ha estimado que la televisora –propiedad del consorcio de comunicaciones Viacom– podría estar buscando el beneplácito de la Casa Blanca ahora que es evidente que Bush seguirá ocupándola durante los próximos cuatro años.

 

Faltas del joven Bush

   Junto con la productora Mary Mapes, la CBS exigió las renuncias de tres ejecutivos que tuvieron responsabilidad en la decisión de transmitir el reportaje de 60 Minutos. Se trata de Betsy West que hasta comienzos de esta semana era vicepresidenta en esa cadena, el productor John Howard y su colaboradora Mary Murphy.

   Los cuatro, han sido acusados de no verificar los documentos atribuidos al teniente coronel Jerry Killian, que era comandante de la división en la que estaba asignado a comienzos de los años 70 el entonces joven estudiante George W. Bush. Killian falleció hace 20 años y la CBS obtuvo varios memoranda que, según aseguró en septiembre, ese militar había escrito con quejas acerca del comportamiento de Bush.

   En esos textos se mencionaba el desinterés del joven Bush por las obligaciones militares y sus frecuentes viajes, para atender asuntos políticos, fuera de la base aérea a la que estaba adscrito. En aquellos años su padre era embajador en Naciones Unidas y todo parece indicar que el ahora presidente movió influencias personales para ser enviado a un cuartel de la Guardia Nacional en vez de ir al frente de batalla.

   Esas gestiones de los Bush han sido insistentemente comentadas desde hace tiempo. En rigor, no se decía algo sustancialmente nuevo en el ahora discutido reportaje de la CBS. Pero su transmisión justo en los días de mayor encono durante la campaña presidencial estadounidense fue considerado por simpatizantes del Partido Republicano como una apuesta política de esa cadena de televisión.

 

Acusaciones en la Red

   La misma noche del 8 de septiembre en que se transmitió por los canales de CBS, el reportaje sobre el servicio militar de Bush comenzó a ser cuestionado en varios foros de la Internet. Especialmente un blog en la Red, a cargo de tres abogados de conocido talante conservador, difundió con gran éxito la versión de que los documentos mostrados en televisión eran falsos.

   En pocas horas se difundió la versión de que los memoranda atribuidos al finado teniente Killian habían sido falsificados por partidarios de la campaña de John Kerry. Se hablaba del tipo de letra, la firma y otras características de esos documentos.

   Más que las descalificaciones puntuales, comenzó a extenderse la versión de que la CBS había tomado deliberadamente la decisión de difundir un reportaje adverso a Bush como una forma de obstaculizar su campaña.

   Unos días antes, algunos de los grupos partidarios del candidato republicano habían comprado abundante espacio en televisión para difundir un anuncio en contra del comportamiento de Kerry en la guerra de Vietnam.

   Kerry fue condecorado por su presencia en Vietnam pero luego asumió posiciones críticas hacia la participación de su país en esa guerra. El anuncio de sus impugnadores mostraba, descalificándolo, a algunos de sus antiguos compañeros en el frente de batalla.

   En ese escenario, el reportaje de la CBS contribuía a balancear las cosas en beneficio de Kerry. El demócrata al menos había estado en Vietnam aunque luego cuestionó a esa guerra. Bush en cambio hizo todo lo posible para quedarse en casa y aun así, de acuerdo con los testimonios recogidos por la televisora, había sido un mal soldado.

 

Poder mediático

   Las implicaciones políticas de aquel reportaje se entremezclaron con el debate acerca de la supuesta falsedad de algunos de los documentos en los que se apoyaba. El domingo 12 de septiembre esta columna hizo un extenso recuento de aquella discusión en los medios estadounidenses.

   En aquel momento no dejaba de ser significativa la repentina vulnerabilidad de la CBS, uno de los íconos del poderoso sistema mediático estadounidense, ante las impugnaciones por ese reportaje. El hecho de que las primeras descalificaciones y la polémica posterior sobre ese trabajo periodístico se hubieran propagado en la Internet, llevó a considerar a algunos observadores que estábamos ante una reacción de ciudadanos independientes en contra del poder mediático y corporativo.

   Aun ahora, hay quienes consideran que la destitución de los cuatro periodistas ha sido un logro del nuevo periodismo que se desarrolla en la red de redes.

   Sin embargo no hay que olvidar que las refutaciones al trabajo de los periodistas de CBS no eran desinteresadas. Y no habrían salido de la Internet de no ser por la extensa cobertura que le ofrecieron otros medios –entre ellos las cadenas rivales de esa corporación televisiva–.

 

Rather en el ocaso

   El interés dentro y fuera de Estados Unidos por aquel reportaje y sus consecuencias se acentuaba debido a que fue presentado –y en los primeros momentos enfáticamente defendido– por Dan Rather, uno de los conductores de noticias más importantes en la televisión de ese país.

   Con fama de severo y riguroso, Rather se ha distinguido por tener algunas posiciones críticas respecto del gobierno estadounidense. No es ajeno, desde luego, al establishment político y corporativo de ese país. Pero es difícil decir que se trata de un personaje condescendiente con el poder gubernamental.

   Por eso la participación de Rather en el reportaje contra Bush hizo que arreciaran las críticas del flanco conservador de la sociedad estadounidense. Ese conductor había resuelto retirarse en 2006, cuando cumpliera 25 años al frente del noticiero vespertino de la CBS. Pero a raíz de la crisis por el reportaje sobre Bush, hace pocas semanas anunció que adelantaría esa decisión y en marzo próximo dejará el telediario.

 

Interesado comité

   A fin de estudiar los cuestionamientos a ese reportaje y determinar si se habían transgredido los parámetros que dice buscar en el periodismo que difunde, la CBS creó un comité integrado por Louis D. Boccardi, antiguo director ejecutivo de la agencia de noticias Associated Press y Dick Thornburgh, ex abogado general en el gobierno estadounidense.   

   El presidente de la CBS, Andrew Heyward, ha insistido en la independencia de ese comité. Sin embargo al menos Thornburgh estuvo enfrentado con Rather y el área de Noticias de la CBS cuando, siendo funcionario de los gobiernos de Richard Nixon y George Bush padre, cuestionó públicamente algunas de las informaciones de esa cadena.

   Los resultados del trabajo de ese “panel”, como le llaman sus integrantes, se dieron a conocer el lunes de esta semana, junto con la decisión de la CBS para prescindir de sus cuatro colaboradores. El informe Heyward-Thornburgh es un documento de 234 páginas, además de varias docenas de anexos, en donde se discuten las fuentes de información del multicomentado reportaje sobre los años de Bush en la milicia.

   Para los autores del informe, el equipo de producción de 60 Minutos incurrió en omisiones graves al no corroborar de manera suficiente la autenticidad de los memoranda atribuidos al ex jefe militar del soldado Bush.

   En opinión de esos interventores de la CBS, uno de los errores más importantes consistió en declarar que un experto había autentificado los documentos cuando solamente lo había hecho con una de las firmas en ellos. “60 minutos de los miércoles fracasó al examinar las fuentes” de algunos de esos textos, aseguran.

  

Politización inquietante

   Pero más que los procedimientos de comprobación que siguió o dejó de tomar la redacción de ese programa televisivo, a Heyward y Thornburgh les preocupa la posibilidad de que la elaboración y transmisión del reportaje hubieran estado orientadas por motivaciones políticas y no de carácter periodístico.

   Ese parece haber sido el encargo principal que les hizo la CBS. Por eso el último capítulo y en buena medida las conclusiones del Informe están destinados a difuminar cualquier sesgo político en el comportamiento de la cadena y sus empleados. De manera rotunda, se establece que “no hubo una agenda política” en las decisiones acerca de ese trabajo periodístico.

   Sin embargo no se puede olvidar la circunstancia en la que fue difundida la investigación sobre las maniobras del joven Bush. Faltaban menos de dos meses para la elección presidencial y las encuestas mostraban una sólida tendencia competitiva del senador Kerry. Todo cuestionamiento a la imagen de integridad y congruencia que gracias al manejo mediático ha sostenido el presidente Bush, podía hacer mella en las preferencias en su favor.

   Si no se puede afirmar que hubo una inducción directa de la campaña demócrata para provocar la difusión del reportaje –como aseguraron en la prensa estadounidense algunos partidarios de Bush– sí es posible reconocer que la decisión para transmitirlo tomaba en cuenta el momento político. Dicha circunstancia era precisamente la que le confería mayor interés a ese trabajo de 60 Minutos.

   El interés de Rather y de la productora Mapes por los antecedentes militares de Bush no era nuevo. El Informe recientemente difundido confirma que desde cinco años antes buscaban indicios de la reticencia del ahora presidente para cumplir con el servicio militar. El asunto no se les ocurrió de pronto como tema de investigación periodística.

 

No se demuestran mentiras

   El comité de la CBS consideró que “los intentos para investigar a la gente y los asuntos presentados en los documentos fueron insuficientes”. Esa observación se podrá hacer siempre acerca de cualquier trabajo periodístico.

   El problema central es si la información que difundieron Rather y su equipo era falsa. Y en ese tema, el Informe de Heyward y Thornburgh no aventura conclusiones claras.

   En una de sus escasas afirmaciones categóricas el documento que le sirvió a la CBS para purgar su equipo periodístico considera acerca de los memoranda del antiguo jefe del soldado Bush:

   “El Panel no ha sido capaz de establecer con absoluta certeza si los documentos de Killian son auténticos o falsos. Sin embargo ha encontrado una serie de asuntos que levantan serias dudas acerca de la autenticidad de los documentos y su contenido. Con un mejor periodismo esas dudas habrían sido resueltas antes de la transmisión del segmento el 8 de septiembre”.

   En otras palabras, a los periodistas que trabajaron bajo las órdenes de Rather los despidieron no por decir mentiras, sino por no verificar con mayor rigor los documentos que utilizaron.

   Es pertinente señalar que la discusión principal que suscitó el reportaje y la mayoría de sus impugnaciones se debieron a las cartas atribuidas a Killian. Sin embargo aquel trabajo periodístico se apoyaba en otros documentos y testimonios. Las maniobras de Bush para eludir el servicio militar ya eran conocidas y fueron evidenciadas a partir de varias fuentes (entre ellas, las declaraciones de antiguos políticos que fueron funcionarios del gobierno hace tres décadas).

 

Chivos expiatorios

   El despido de cuatro personas del área de noticias de CBS y el retiro anticipado de Rather han sido muy difundidos. En numerosos comentarios se ha presentado a este episodio como muestra de escrupulosidad periodística y rechazo a las fuentes anónimas por parte de una importante empresa de comunicación.

   Sin embargo la breve réplica de la productora Mary Mapes a esa decisión no ha sido tan publicitada.

   En una declaración de tres páginas, la hasta hace poco influyente productora de la edición de los miércoles de 60 Minutos (ese programa tiene otra versión los domingos, a cargo de un equipo diferente) ha destacado acerca de las fuentes que utilizó en la discutida nota sobre el presidente Bush:

   “Es digno de atención el hecho de que el panel no concluyó que esos documentos fueran falsos”.

   Mapes, entonces, pone a discusión de quién fue la responsabilidad de difundir el reportaje: “Sin duda, al final, todo lo que el panel concluyó fue que había muchas banderas rojas que aconsejaban en contra de salir al aire con rapidez. Nunca tuve el control del momento para llevar al aire ningún segmento de 60 Minutos; esa siempre fue una decisión que tomaron  mis superiores. Transmitir esa historia cuando lo hicimos fue también una decisión que tomaron mis superiores, incluyendo a Andrew Heyward –el presidente de la CBS–. Si allí se cometió un crimen periodístico, no  fui yo”.

   Mapes asegura que todas las dudas acerca del reportaje las puso a consideración de sus jefes. Con plena conciencia de los sesgos discutibles que podía tener, los directivos de la CBS resolvieron que se transmitiera. Por eso sugiere que su despido puede ser un intento de la corporación para encontrar un chivo expiatorio.

 

Nueva supervisión

   Más allá de la reputación de la CBS y del afán que pueda tener para congraciarse ahora con la Casa Blanca, se pueden tener preocupaciones fundadas sobre los efectos intimidatorios que este episodio pueda acarrearle al periodismo de investigación en Estados Unidos.

   Desde luego, es indispensable verificar la autenticidad de las fuentes y tomar a las filtraciones anónimas como indicio para profundizar en la investigación periodística y no como informaciones que valgan por sí solas. Pero en el diferendo acerca de ese reportaje, más que errores periodísticos de sus productores se pueden identificar abundantes y complejos intereses políticos.

   Después del escándalo por esa pieza televisiva será más difícil que otro grupo de periodistas se anime a cuestionar los antecedentes de un personaje político como hizo 60 Minutos con Bush. Y en las empresas mediáticas, es previsible que se impongan mayores controles no para garantizar la calidad periodística sino para evitar informaciones políticamente delicadas.

   Por lo pronto el comité Heyward y Thornburgh le recomendó a la CBS la designación de un nuevo cargo, “ejecutivo en pautas y prácticas”, que estará fuera de la estructura de producción de 60 Minutos de los miércoles y reportará directamente al presidente de la corporación. Ese funcionario revisará cualquier segmento de periodismo de investigación que incluya fuentes confidenciales o documentos recibidos de fuentes externas y tendrá facultades para vetar su transmisión.

  

Investigación en riesgo

   En el panorama de la televisión estadounidense e internacional, 60 Minutos ha sido uno de los pocos espacios –desde luego con fallas, tropiezos e insuficiencias– dedicados al periodismo de investigación. Nos referimos a indagaciones auténticas, que requieren de largos plazos de preparación y búsqueda, que amalgaman la búsqueda hemerográfica y electrónica con la entrevista en profundidad, que corroboran sus afirmaciones en varias fuentes y que requieren de una producción ambiciosa y compleja. Lamentablemente en la televisión mexicana no tenemos una sola muestra de ese periodismo, a veces por falta de recursos financieros pero sobre todo por indolencia y ausencia de interés de las televisoras.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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Periodismo y propaganda

diciembre 15, 2005

La Crónica, 14 de marzo de 2005

Hay más de un rasgo en común entre el periodismo y la publicidad. Ambos buscan interesar a las audiencias, se difunden en los medios masivos, proponen asuntos de interés y actualidad, forman parte del negocio comunicacional.

Pero evidentemente no son lo mismo. El periodismo pretende dar a conocer acontecimientos y ofrecer elementos para entenderlos. Su agenda está dictada –hipotéticamente, al menos– por la actualidad y el interés público. La publicidad, promueve productos o instituciones. A diferencia del periodismo no muestra la mayor cantidad de facetas posibles de un acontecimiento sino únicamente las más favorables a esos productos o instituciones cuya aceptación trata de inducir.

Periodismo y publicidad se desenvuelven en el espacio público contemporáneo pero tienen diferencias muy claras. Cuando se confunden, o cuando una aparece disfrazada del otro, estamos ante un engaño a los televidentes, radioescuchas o lectores.

Por eso ahora, en Estados Unidos, la difusión de centenares de segmentos informativos disfrazados de trabajo periodístico pero que en realidad fueron producidos por el gobierno, está levantando una extendida inquietud. Ayer domingo, The New York Times dedicó una página y media a una extensa nota que comienza en primera plana y que documenta el auge de materiales propagandísticos presentados como si fueran simples noticias.

La práctica no es reciente en ese país pero se ha incrementado durante el gobierno del presidente George W. Bush. Al menos 20 dependencias de la administración federal han distribuido, durante los 4 años recientes, centenares de segmentos de noticias que son aprovechados y transmitidos por televisoras de toda la Unión Americana como si las hubieran producido ellas mismas.

Aunque el propio Bush señaló en enero pasado que era necesario distinguir entre el periodismo y la publicidad oficial, esa práctica parece estar en plena expansión. “Un examen de los reportes de noticias producidos por el gobierno –explican los periodistas David Barstow y Robin Stein– ofrece una mirada dentro de un mundo en donde los linderos tradicionales entre las relaciones públicas y el periodismo se han vuelto enmarañados, en donde las emisoras locales introducen segmentos pre-empaquetados con introducciones ‘sugeridas’ y escritas por expertos en relaciones públicas”.

Las agencias gubernamentales de información producen segmentos de noticias sobre los más variados asuntos –las bondades del programa de salud establecido por el presidente Bush, la ayuda para que las mujeres en Afganistán tengan instrucción, las nuevas disposiciones para la revisión de equipaje en los aeropuertos, campañas contra la obesidad infantil, el combate a los virus de computadora, etc. etc.

Esos segmentos son difundidos por empresas de publicidad que los colocan en agencias de noticias. Tales materiales en video llegan así a las redacciones de las televisoras en donde son utilizados para los noticieros. A veces, los productores que emplean esos segmentos no saben que fueron elaborados por encargo de alguna dependencia del gobierno.

“Se trata de un mundo en donde la producción gubernamental de los reportes desaparece en un laberinto de transmisiones satelitales, portales en la Red, programas de noticias sindicados y proveedores de las cadenas de televisión, solo para emerger purificados del otro lado como periodismo ‘independiente’ ” dicen los reporteros del Times.

La investigación de ese diario menciona varios casos de notas que aparecieron en televisión sin que a los espectadores se les haya advertido que se trataba de materiales promovidos por el gobierno. No todos esos segmentos de noticias al gusto de la administración Bush tienen implicaciones claramente políticas. En otros casos sí.

El año pasado, poco después del escándalo por las torturas a prisioneros de guerra iraquíes, un Servicio de Noticias del Ejército y la Fuerza Aérea difundió un segmento acerca del entrenamiento que reciben en Fort Leonard, en Missouri, los guardias destinados al sistema carcelario. Allí se les enseña “a tratar a los prisioneros con rigor pero con justicia”, decía el oficial militar habilitado como reportero para simular que se trataba de una nota realmente periodística.

En ese sitio fueron entrenados los custodios de la prisión de Abu Ghraib en donde se cometieron las torturas y vejaciones que tanto escandalizaron a la opinión pública internacional. El segmento noticioso, que fue difundido en 34 estaciones televisoras en Estados Unidos, no mencionaba ese episodio.

Los productores del servicio informativo del Pentágono –uno de los veintitantos que difunden segmentos propagandísticos disfrazados de trabajo periodístico, se ufanan al decir “somos la gente de las buenas noticias”.

Esa frase recuerda tanto uno de los lemas de la oficina de prensa de Los Pinos y la propagación de informaciones confeccionadas al gusto del gobierno y de otros clientes es tan frecuente en el periodismo mexicano que las revelaciones aparecidas ayer en NYT nos resultan demasiado familiares. En México, como veremos más adelante, abundan las relaciones públicas y el proselitismo disfrazados de periodismo.

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Dólares, televisión y votos

diciembre 14, 2005

La Crónica, 31 de octubre de 2004

Dinero y medios definen las campañas estadounidenses. No hay novedad en ello. Los poderes del dólar y la televisión imbricados, se han convertido en el motor insustituible, y desde luego interesado, de la política en ese país igual que en el resto del mundo.

   Lo que sí es novedad es la enorme cantidad de dinero y la inusitadamente intensa difusión mediática que están siendo invertidas en las campañas hacia las elecciones estadounidenses de pasado mañana.

   El Centro para una Política Responsable, ubicado en Washington, estima que este año las campañas por la presidencia y el Congreso en ese país habrán costado 3 mil 900 millones de dólares.

   Va de nuevo: 3 mil 900 millones de dólares. Eso significa, al encarecido cambio con que ayer abrió nuestra moneda, unos 45 mil 300 millones de pesos.

   Se trata del costo de todas las campañas que actualmente se desarrollan en la Unión Americana, tanto para la Casa Blanca como para renovar el Capitolio.

   El dato es útil en primer lugar para recordarlo cuando hagamos comparaciones del costo que tienen las elecciones en México y en otros sitios del mundo.

   Con frecuencia nos quedamos cortos al comparar el precio de nuestra democracia, que sin duda es financieramente alto pero que no llega a los extremos que invierten nuestros vecinos del norte.

   Y desde luego, esa cifra permite reconocer que sin política no hay dinero y que el dinero para respaldar campañas así de costosas no puede sino provenir, en lo fundamental, de las grandes corporaciones interesadas en influir en los dos partidos que disputan el poder en Estados Unidos.

 

Persuasivos dólares

   De esa cifra, alrededor del 30% está siendo gastado en las campañas por la presidencia. El mismo Centro calcula que el costo de las campañas del presidente George Bush y el senador John Kerry será de aproximadamente mil 200 millones de dólares –cerca de 14 mil millones de pesos–.

   La posibilidad de comparar esos montos con la cantidad de escuelas, medicinas o salarios que podrían pagar es tan tentadora como ociosa. Por muy alto que sea, el gasto en elecciones forma parte de prácticas y compromisos muy arraigados en el sistema político tanto de Estados Unidos como en México.

   En nuestro país, ese gasto ha crecido tanto que desde muy variadas posiciones se ha sugerido limitarlo. Como la mayor parte del costo de nuestras elecciones se gasta en la contratación de anuncios en televisión y radio, la mejor solución se encuentra en garantizar el acceso gratuito de los partidos a espacios suficientes en los medios electrónicos.

   Los estadounidenses también gastan en medios –muy especialmente la televisión– una cantidad importante del dinero del cual disponen candidatos y partidos para las campañas electorales. En total, hasta hace dos meses la campaña de Bush había recabado 338.6 millones de dólares y la de Kerry casi 312. Son dólares invertidos, de manera fundamental, para persuadir a los votantes.

   De ese dinero, la campaña del presidente para su reelección había gastado más de 222 millones de dólares. El desembolso de la campaña de Kerry era de más de 198 millones de dólares. Una estimación más actualizada de ese gasto sugería que, ya en este mes de octubre, Bush había gastado 256 y Kerry 204 millones de dólares. Esas cifras no incluyen las deudas que ambas campañas han contraído.

 

Nuevos usos mediáticos

   La televisión estadounidense está repleta de anuncios políticos. Tanto los candidatos y sus partidos, como numerosos grupos que los apoyan pero al margen de la estructura republicana y demócrata, han contribuido con abundantes mensajes a subrayar la sensación de que en estos comicios se dirime el futuro de Estados Unidos y del mundo. Sin embargo el interés de los estadounidenses por ese medio como principal fuente de información política ha venido decayendo.

   A las campañas de este año, en lo que toca al uso de los medios, las definen dos nuevas tendencias. Por una parte, cada vez son más diversos los grupos que contratan propaganda, especialmente en la televisión, para apoyar a alguna de las opciones políticas institucionales. Por otra, el peso relativo de la televisión está disminuyendo ante el crecimiento de nuevos medios como la Internet o el empleo novedoso, o más intenso, de medios convencionales como la radio.

 

ONGs multicolores

   Más que los partidos, los anuncios más numerosos y vistosos los han producido y financiado docenas de organizaciones ciudadanas metidas a promotoras de uno u otro candidato.

   A Kerry lo respaldan ONGs como la Alianza para la Justicia Económica, América Votando Junta, el Centro para el Progreso Americano, Activistas Demócratas, el Fondo para los Medios y la Red de Donantes Progresistas.

   Entre los grupos que de diversas maneras apoyan al senador demócrata se encuentran, también, Paternidad Planeada, Trabajadores del Automóvil Unidos y Moveon.org, la poderosa red de grupos y sitios en Internet cuya preocupación es impedir que Bush siga en la Casa Blanca

   Al presidente George W. Bush lo respaldan, con anuncios en los medios electrónicos y en la prensa y como puentes para recabar dinero que acaba beneficiando a su campaña, grupos como Coalición Cívica Americana, Americanos por un Mejor País, Americanos para un Gobierno Responsable, Ciudadanos Unidos, Votantes Conservadores de Colorado, Gente para una Mejor Florida y el grupo Veteranos Lancha Rápida por la Verdad que cuestiona el desempeño de Kerry durante la guerra de Vietnam.

   Bush se beneficia también del respaldo de la Asociación Nacional del Rifle y Prisioneros de Guerra por la Verdad, que patrocinan spots desbordantes de reproches a Kerry por su falta de compromiso enfático con episodios como la intervención militar en Irak.

 

Diferentes formas de miedo

   Howard Kurtz, el especialista en medios de The Washington Post, ha explicado la función política de esas organizaciones: “Con decenas de millones de dólares para gastar y mensajes que a menudo encierran un mayor puñetazo emocional que los de Bush y John F. Kerry, los grupos independientes están bombardeando las ondas radiofónicas en el trecho final de la campaña presidencial. Los grupos coaligados están diciendo cosas que los candidatos no se arriesgan a decir, conectando puntos conspiracionales, empleando más imágenes incómodas y permitiéndose una ridiculización sin límites. En una pasarela que los demócratas dominaron durante la mayor parte del año, los republicanos se han estado recuperando, aprovechando una estridente colección de temas confeccionados para diferentes temas delicados, diferentes electorados, diferentes estados y diferentes formas de miedo” (“Ads Aiming Straight for the Heart”, 27 de octubre de 2004).

   Kurtz estima que los grupos liberales han reunido, para esas producciones televisivas, más de 140 millones de dólares y los conservadores, solamente 75.

 

TV convencional, rebasada

   Los grupos de respaldo político, que asumen distintas formas institucionales de acuerdo con las prerrogativas fiscales o el compromiso partidario que declaran buscar, desde hace tiempo forman parte del panorama público en Estados Unidos. Pero quizá nunca, como ahora, están adquiriendo un protagonismo tan intenso y específico gracias, entre otros motivos, al empleo versátil que hacen de variadas formas de comunicación.

   Los especialistas Richard A. Viguerie y David Franke consideran que el auge de esos organismos como detonadores de un vehemente proceso político se origina en el desarrollo de medios de comunicación alternativos desde los años 60 y luego, ya en los 90, en la propagación de las radiodifusoras de contenido hablado y las cadenas de noticias por cable.  

   Pero no ha sido sino hasta los años recientes cuando, gracias al uso de la Internet, esos grupos han adquirido un papel central contribuyendo a establecer los temas de la agenda política, reuniendo cantidades de dinero que los partidos por sí solos no alcanzan a recabar y sobre todo influyendo en los medios (lo mismo pagando espacios de propaganda, que presionando y exigiendo para que no haya una cobertura informativa desfavorable a los candidatos con los que simpatizan).

   Este año el empleo de frecuencias televisivas muy variadas y ya no solo de las cadenas nacionales más importantes, ha indicado una diversificación tanto de los mensajes como de los destinatarios de la propaganda y el proselitismo. Además de los canales más conocidos, los grupos políticos acuden cada vez con mayor intensidad a otras opciones, especialmente la televisión por cable.

 

TV cable, la nueva arena

   Los canales de noticias en los sistemas de paga, que en Estados Unidos son sintonizados en la mayoría de los hogares, han sido una de las arenas más importantes de la confrontación entre Bush y Kerry. En un artículo para The Washington Post, los mencionados Viguerie y Franke recuerdan que desde hace dos décadas las cadenas nacionales (como CBS, ABC y NBC) han venido perdiendo audiencia pero que esa tendencia se acelera. Cuando se realizó la convención del Partido Republicano, hubo más gente que se enteró de ese acontecimiento a través del  conservador canal de noticias de Fox que en los noticieros de las cadenas convencionales (“The Big Winners”, domingo 24 de octubre de 2004).

   El hecho de que dos de los tres debates entre los candidatos presidenciales hayan sido moderados por conductores de los noticieros de la televisión pública, la PBS, que se difunde por cable, no es casualidad. Cada vez más gente en Estados Unidos confía más en espacios televisivos distintos de los que transmiten las grandes cadenas.

   Algo similar, toda proporción guardada, está sucediendo en México: los noticieros de la televisión abierta y de alcance nacional se ven por rutina pero con índices de audiencia a la baja; en tanto, espacios informativos como el noticiero del Canal 40 a pesar de los obstáculos que enfrenta o el noticiero del Canal 52, ganan público a una velocidad mucho mayor.  

   La singularidad en la campaña estadounidense de los canales de cable o de las estaciones no afiliadas a las grandes cadenas nacionales se confirmó anoche cuando, como leímos ayer en la columna de José Carreño Carlón, el principal programa de entretenimiento de la televisión en español en ese país iba a recibir a los dos candidatos presidenciales. La importancia de los electores de origen latino y, junto con ellos, de los espacios de comunicación que se dirigen a ellos se manifestó en la presencia, en Sábados Gigantes de Univisión, de George W. Bush y John F. Kerry.

 

Fanatismo en la radio

   En la radio ocurre algo similar, pero de manera más extensa. Los programas de discusión política, en donde era costumbre la búsqueda de una composición plural, están siendo sustituidos por series definitivamente comprometidas con una posición y a cargo de algún político destacado o de comentaristas reputados no por ser imparciales, sino por el partidarismo que asumen con causas, personajes o grupos.

   La radio hablada (en ocasiones difundida también en espacios de televisión) ha permitido afianzar convicciones que ya compartían los electores, más que persuadir a quienes no tenían una posición definida. Con frecuencia esos programas son de una virulencia y una intolerancia notables y mezclan el vituperio con una suerte de exigencia moral a sus radioescuchas. Pocas veces son espacios de reflexión y no puede decirse que contribuyan a la solidificación de la cultura política. Al contrario, se trata de emisiones que polarizan aun más el ya escindido panorama político estadounidense.

 

Correo postal y red de redes

   Otras formas para relacionarse con los votantes, como el correo convencional, siguen siendo un componente importante en la política electoral estadounidense. Viguerie (que durante cuatro décadas ha desarrollado campañas de correo directo para candidatos conservadores) y Franke (que ha sido editor en medios alternativos) estiman que este año los partidos y grupos de interés político habrán enviado más de 5 mil 800 millones de piezas postales a los posibles votantes.

   Con el empleo del correo directo y de la Internet, los demócratas están logrando la hazaña de empatar en preferencias de voto y quizá ganarle al presidente que hace tres años, después de los ataques terroristas, parecía inamovible en la Casa Blanca en este y el siguiente periodos.

   Las páginas de sus propios candidatos y luego las bitácoras abiertas tanto de aspirantes a algún cargo de elección como de simpatizantes y expertos, se han convertido en recurso insoslayable de los partidos. Inicialmente coto de los demócratas, la red de redes ha sido aprovechada también, con malicia y recursos, por republicanos y sus simpatizantes.

 

Menos TV, más Internet

   La construcción de nuevos espacios para la comunicación política se confirma en las cifras del detallado estudio que el martes pasado dieron a conocer el prestigiado Pew Internet & American Life Proyect y la Escuela de Información de la Universidad de Michigan sobre “Internet y el debate democrático” en las actuales campañas.

   Allí se indica que para el 78% de los estadounidenses la televisión sigue siendo la principal fuente de noticias políticas. El 38% dice que prefiere a los diarios como fuente primaria y el 16% a la radio (los porcentajes no suman 100 porque los entrevistados, en una muestra nacional, ofrecían más de una respuesta).

   El 15% dice que se entera de las campañas políticas en sitios de Internet y el 4% declara que en revistas.

   Hace cuatro años, en las campañas presidenciales de 2000, los estadounidenses que aseguraban que su principal fuente de información electoral era la televisión eran el 86%. Hoy ese porcentaje descendió 8 puntos –es decir, 9%–.

   En cambio, en aquellas elecciones los estadounidenses que reconocían a la Internet como fuente principal de información electoral era el 7% y ahora ese porcentaje aumentó 8 puntos –es decir, 110%–.

 

Bin Laden en escena

   Ese diversificado sistema de medios, que va desde las formas de comunicación más convencionales hasta la digitalización de mensajes y su envío masivo, ha propagado la competitividad y también la polarización de las campañas presidenciales en Estados Unidos. Este fin de semana y con vistas a las elecciones del martes, los votantes en ese país –y el mundo entero, al que de una u otra manera afectará la decisión que tomen– se enfrentan a un desafío que los estrategas de medios no previeron –o tal vez sí–.

   La difusión, el viernes pasado, del amenazador video en donde Osama Bin Laden no solo confirma que fue el culpable del crimen del 11 de septiembre sino además amaga a los estadounidenses con nuevos atentados, incorpora a la contienda política un elemento inesperado.

   Tanto Bush como Kerry condenaron las amenazas y a Bin Laden. Sin embargo las consecuencias de ese video en el apretado resultado electoral son controvertidas. Algunos analistas sostenían ayer que la difusión de las imágenes del líder de Al Qaeda beneficiará a Bush porque les recuerda a los estadounidenses la perversidad del terrorismo al que ese presidente ha dicho enfrentar. Otros, suponen que el efecto será favorable a Kerry porque al aparecer Bin Laden sano, salvo y amenazante en televisión, se confirma la ineficacia de las acciones del actual gobierno para frenarlo.

   Anoche, el antiguo conductor de televisión Walter Cronkite consideraba que el video podría haber sido promovido por Karl Rove, el asesor más importante de Bush, conocido por tanto por sus conservadoras posiciones como por su manipuladora habilidad política.

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Bush bajo fuego mediático

diciembre 14, 2005

La Crónica, 12 de septiembre de 2004

Mientras nuestra estancado panorama político se debate entre las confusiones acerca del posible desafuero, las cada vez más alarmantes noticias del fraude electoral veracruzano y los insolentes aunque entendibles reclamos que los dueños del dinero le hacen al presidente Fox, podemos hacer un paréntesis para ampliar la mira y voltear a la no menos estridente competencia por el poder que presencian nuestros vecinos del norte. A 50 días de las elecciones presidenciales las predicciones favorecen al envalentonado George W. Bush a quien no parecen afectarle denuncias, comprobaciones ni recriminaciones acerca de sus excesos en numerosos episodios relacionados con su vida política.

   La revelación más reciente, acerca de los subterfugios que empleó hace tres décadas para eludir el cumplimiento cabal de sus obligaciones militares, no ha tenido efecto significativo entre sus conciudadanos a pesar de que se convirtió en el tema de litigio político, y en esta ocasión además mediático, durante la semana que termina.

   Los documentos y testimonios que la cadena televisiva CBS dio a conocer el miércoles por la noche para comprobar el tráfico de influencias que cuando era joven habría ejercido el ahora presidente con el propósito de no ser enviado a la guerra de Vietnam, fueron tomados con más escepticismo que indignación en aquel país. Los medios rivales se lanzaron a discutir no las posibles implicaciones de una falta legal y ética de tales dimensiones por parte del actual inquilino de la Casa Blanca, sino los defectos que podría tener la información exhibida por ese consorcio televisivo.

   El episodio de los documentos sobre la evasión militar de Bush puede ser tomado como ejemplo de los contrapesos, a veces matizados de furiosas discordancias, que hay tanto entre los medios y el poder político, como en el ámbito mediático mismo en los Estados Unidos. Curiosamente, en la prensa mexicana no se ha dicho casi nada acerca de ese nuevo litigio que adereza (aun no se sabe si tendrá efectos más profundos) la campaña política estadounidense.

 

Eludiendo la guerra

   La noche del miércoles 60 Minutes, el programa de investigación periodística más conocido en la televisión de ese país, mostró documentos y testimonios que comprobarían las gestiones del ahora presidente George W. Bush para obtener un trato cómodo cuando tenía la obligación de ir al Ejército, en 1972.

   Desde hace tiempo se sabía de aquellas maniobras de Bush pero nunca habían sido evidenciadas como ahora. Dan Rather, el presentador de noticias emblemático de la CBS, presentó esa historia aderezada con imágenes de la guerra en Vietnam a fines de los años 60. Tan solo en mayo de 1968 más de 2 mil soldados estadounidenses habían muerto en ese conflicto y el reclutamiento entre los jóvenes estadounidenses se intensificaba.

   En esa época George W. Bush estaba cumpliendo 22 años y había terminado sus estudios en la Universidad de Yale. Su destino natural (aunque fuese política y hasta moralmente cuestionable) era, como el de miles de muchachos en ese país, ir a pelear a Vietnam. Aquella, que terminaría en una estridente derrota para los Estados Unidos, era una guerra que se mantenía en contra de la opinión de casi todo el mundo. Pero en ese país la mayoría respaldaba la intervención contra Vietnam.

   El padre de George W. era, en esos años, miembro de la Cámara de Representantes. No hay evidencias de que le haya ayudado directamente a eludir el reclutamiento. Pero otro político texano muy influyente en ese tiempo, el antiguo vocero del congreso estatal Ben Barnes, gestionó que el joven Bush se quedara en casa.

   Quien lo dice es nada menos que el propio Barnes, miembro del Partido Demócrata y que participa en la recolección de fondos para la campaña presidencial de John Kerry. Sus revelaciones resultan más llamativas que las sospechas que pueda despertar esa filiación. “No quiero perjudicar la carrera ni la reputación de George Bush. Desde los inicios de su carrera política, cuando competía para ser gobernador y luego para presidente, me ha buscado mucha gente. He recibido centenares de llamadas de gente que quiere saber qué pasó. Además he sido citado y tergiversado. La razón por la que hoy estoy aquí… es que realmente quiero contar qué sucedió”, dijo Barnes entrevistado por Dan Rather.

   Frente a frente el periodista y su entrevistado, sin aderezo escenográfico alguno, solo un fondo absolutamente negro que servía de telón a la charla, las revelaciones del viejo político tejano parecían venir de otra época. A fines de los 60 Barnes era asistente del gobernador de Texas y comenzaba a construir su carrera política. Fue cuando un empresario petrolero llamado Sid Adger, amigo de George Bush padre, le pidió que ayudara a joven egresado de Yale para que ingresara a la Guardia Nacional Aérea. Al ser parte de esa corporación, George W. Bush se libraría de ir a la guerra.

   Barnes habló con mandos militares de la Guardia Aérea y así consiguió una estancia para el hoy presidente de Estados Unidos. “Yo era un político joven y ambicioso que hacía lo que creía que era aceptable”, se disculpa ahora. “Lo más importante era hacer amigos. Y recomendé a un montón de gente para la Guardia Nacional durante la época de Vietnam”.

 

John Kerry a la baja

   A sus 72 años el veterano conductor de la CBS se ha encontrado en varias confrontaciones con el poder político de su país pero ningún episodio es igual a otro. Dan  Rather, el conductor de noticias más conocido en los Estados Unidos, sabe que pone en juego su prestigio profesional cuando difunde una historia controvertida y de extensas implicaciones como la que difundió esta semana.

   Rather dijo en 60 Minutos que era la primera vez que Barnes hacía esas declaraciones en público. Sin embargo unos días antes, a fines de agosto, en varios sitios de Internet circuló un video en donde Barnes habla del mismo asunto. Ese video, del que prácticamente no se ha comentado nada en el debate estadounidense de los últimos días, muestra a Barnes hablando en un mitin, y luego en una entrevista, acerca de la ayuda que le dio a Bush.

   Las declaraciones de Barnes circularon después de que, a comienzos de agosto, la campaña presidencial de John Kerry, el candidato demócrata, fue magullada por un anuncio de televisión en donde se asegura que, a diferencia de la fama pública que se ha formado, él nunca se comportó de manera heroica en la guerra de Vietnam.

   Kerry resultó herido tres veces en esa guerra y fue condecorado por ello. Sin embargo varios de sus ex compañeros de armas aparecieron hace varias semanas en un spot en donde negaban que hubiera tenido un comportamiento valeroso. Aunque luego fue crítico de la guerra en Vietnam, el hecho de haber sido lesionado y laureado cuando fue al frente de batalla ha sido una de las banderas de Kerry para promoverse en algunos sectores del electorado estadounidense.

   La difusión de ese video y la enorme cobertura mediática que recibió la Convención Republicana en donde su rival George W. Bush fue proclamado candidato presidencial, se han encontrado entre las causas del declive en la popularidad de Kerry. Después de haber sobrepasado a Bush en las encuestas, desde hace un par de semanas la figura del candidato demócrata va a la baja.

   La difusión de las acusaciones contra la fidelidad militar de Bush tiene el propósito de golpear al actual presidente con un recurso similar al que hace mes y medio fue desplegado para afectar a Kerry. Se ha podido comprobar que tras el anuncio en donde algunos de sus ex compañeros del Ejército hablan mal de él, hubo dinero que puede ser relacionado con la campaña de Bush. Ahora, sin embargo, la colusión de intereses podría ser más escandalosa. La decisión de la CBS para transmitir las declaraciones de Barnes y otras evidencias que incriminan a Bush en un tráfico de influencias para eludir Vietnam tuvo que haber sido resultado de una apuesta política deliberada y clara. Quizá por eso otras empresas de medios reaccionaron tan airadamente para descalificar la investigación de CBS.

 

Lejos de Vietnam

   Además del testimonio de Barnes, 60 Minutos mostró documentos en los que se confirma que el joven Bush recibía un trato preferencial cuando estaba en la Guardia Aérea. En un memorándum hasta ahora desconocido el teniente coronel Jerry Killian, superior de Bush, afirmaba  en mayo de 1972 que el hoy presidente le preguntó cómo le hacían para que él pudiera ausentarse de los entrenamientos por varios meses. Bush explicó, según su entonces comandante, que estaba “trabajando en una campaña en Alabama y no tiene tiempo para atender su preparación física”. Para entonces Bush padre había ascendido en su carrera política y era embajador de su país ante Naciones Unidas.

   Más tarde, en un oficio de agosto de 1972, Killian dijo que había ordenado que el teniente Bush “sea suspendido no solo por no presentarse al examen médico… sino por no cumplir con los parámetros mínimos de la Guardia Aérea Nacional de Texas”.

   Otro memorándum, fechado un año después, Killian se quejaba porque el oficial a cargo de la Guardia “está presionando para endulzar la evaluación del teniente Bush”.

   Sin embargo en otros memoranda, que sí eran conocidos, Killian describía a Bush como “un joven oficial y piloto excepcionalmente aceptable”.

   Killian murió en 1984 y la CBS asegura que los documentos formaban parte de su archivo personal aunque no ha explicado cómo los obtuvo. Sin embargo la viuda y un hijo de ese militar han declarado que no creen que él se haya referido por escrito, de esa manera, a George W. Bush.

 

Perversidad del poder

   Como entre esos testimonios hay contradicciones, 60 Minutos  contrató a un especialista en grafología para comprobar que la firma en los documentos ahora conocidos sí era la de Killian. Ese dictamen profesional también formó parte del reportaje.

   Además se mostró la opinión de Robert Strong, antiguo amigo y colega de Killian y que fue oficial administrativo de la Guardia Aérea Nacional de Texas en los años de Vietnam. Strong considera que los documentos ahora exhibidos “son compatibles” con las opiniones y la manera de ser que tenía Killian.

    Consultado por CBS el vocero del presidente Bush, Dan Bartlett, aseguró que Bush cumplió con sus obligaciones militares hasta que fue descargado de ellas de manera “honorable” para que pudiera atender sus compromisos políticos. Ese funcionario consideró que las acusaciones contra el presidente son expresión de una “política sucia” con motivo de la cercanía de las elecciones.

   Casi al final del reportaje el periodista Rather coloca, una tras otra, las reflexiones de Barnes –el político texano que le ayudó a Bush a cumplir de manera cómoda con las obligaciones militares– y Strong, amigo del difunto jefe castrense de Bush–.

   “Cuando rememoro aquello, me siento muy avergonzado –dice Barnes–. Pero en fin, así ocurrió. Y así fue debido a mi ambición, a mi juventud y a mi falta de entendimiento. Pero así ocurrió. Y no es algo de lo que esté necesariamente orgulloso”.

   A continuación se escuchan las palabras de Strong que ahora, retirado del Ejército, es profesor: “La conciencia es un asunto muy individual. Así es como funciona el poder. Lo que han visto es la manera como funcionar el poder”.

   Continuó Strong: “El poder engendra más poder. El poder va al poder para obtener más poder. Si tienes un poquito de poder y alguien te ofrece la oportunidad de obtener más haciéndole un favor al poder, entonces eso es lo que hace el poder. Comercia consigo mismo. Se alimenta de sí mismo. Así es como funcionaba el sistema. Así es como funcionaba el gobierno estatal. Así es como trabajaba la Guardia”.

 

Dudas tipográficas

   La misma noche en que fue transmitido, el reportaje de 60 Minutos fue tema de intensas discusiones en distintos espacios en la Internet. Partidarios y adversarios de Bush se afanaron para descalificar o ensalzar esa pieza periodística. Los directivos de la CBS seguramente sabían que la reacción a ese programa no sería sencilla, pero quizá no anticiparon todos los problemas que iban a tener.

   El jueves por la mañana un sitio en la Red denominado Power Line aseguró que los documentos mostrados en televisión y atribuidos al teniente coronel Killian, eran falsos. Entre otras características se cuestionaba el tipo de letra que, según se aseguró, no existía a comienzos de los años 70. Además se sugirió que los memoranda habían sido escritos en una computadora contemporánea y no en una máquina de escribir mecánica. Y se expresaron dudas sobre la firma. Power Line es un sitio que mantienen tres abogados de orientación conservadora.

   La versión de un posible fraude corrió como reguero de fábula a través de la Red de redes. De inmediato aparecieron juicios sumarios, reconvenciones partidarias, recordatorios de otras pifias y referencias a transgresiones éticas para ubicar el tropezón histórico en el que podía haber incurrido la CBS.

   Esa cadena respondió el viernes. En una declaración, la CBS aseguró que el reporte sobre las tareas militares del presidente Bush estaba fincado en fuentes confiables. Por la tarde, en su cotidiano noticiero, Dan Rather mostró una investigación sobre el tipo de letra que había en las máquinas para escribir disponibles al principio de los años setenta y enseñó documentos oficiales de esa época en donde aparecen las mismas características gráficas que hay en los memoranda de Killian. Además el calígrafo contratado por 60 Minutos explicó el método que siguió para autentificar la firma en esos papeles.

 

Patrón de falsedades

   Varios prominentes opositores de Bush respaldaron la publicación de esos documentos. Paul Krugman, el punzante economista de la Universidad de Princeton cuyas columnas en The New York Times le han ganado fama y respeto internacionales, escribió: “El auténtico asunto en la historia de la Guardia Nacional no es lo que George W. Bush hizo hace tres décadas. Es el reciente patrón de mentiras: sus afirmaciones de que cumple con sus obligaciones cuando evidentemente no lo hace, los repetidos reclamos de la Casa Blanca de que ha dado a conocer todos los documentos relevantes cuando no lo ha hecho. Es el mismo patrón de deshonestidad, esta vez involucrando asuntos personales que la gente puede entender fácilmente, que algunos de nosotros hemos advertido desde hace tiempo en asuntos públicos desde el calentamiento global hasta la guerra en Irak”.

   La discusión sobre la autenticidad de los documentos ha proseguido este fin de semana. Quizá cada estadounidense decida compartir la versión que sea más compatible con sus simpatías políticas.

   Aparentemente los cuestionamientos a las maquinaciones de Mr. Bush para eludir la guerra hace 30 años no conmoverán significativamente a sus compatriotas. Pero algunos especialistas en mediciones de opinión aseguran que si resulta que los documentos que mostró la CBS son fraudulentos, eso podría significar el fin para la campaña de Kerry.

 

Dilemas de Rather

   El resultado electoral del próximo martes 2 de noviembre no está definido. Pero el litigio sobre los documentos del reclutamiento de Bush demuestra la influencia y también los equilibrios que puede hallar una denuncia política cuando se ventila en un espacio público en donde hay normas profesionales pero, sobre todo, competencia e intereses mediáticos.

   También se ha reiterado la adhesión patriótica, en ocasiones más allá del respeto ciudadano e institucional, que la figura del presidente sigue encontrando en los medios estadounidenses. Apenas ayer se cumplió el tercer aniversario de los ataques aéreos que destruyeron las Torres Gemelas en Manhattan y un ala del Pentágono y que, entre muchas otras consecuencias, desataron una oleada de censura y autoritarismo en los medios de comunicación en ese país.

   Por eso no resultó extraña la insistencia de Dan Rather para precisar su adhesión a la institución presidencial más allá del contenido del reportaje que mostró en televisión. Entrevistado por la CNN, el conductor de CBS dijo el viernes por la noche: “Quiero insistir: yo respaldo a mi presidente. Estamos en tiempo de guerra y yo estoy detrás de mi presidente. No hay regocijo en reportar una historia así pero mi trabajo como periodista es no tener miedo y cuando llegamos con hechos, y legítimas preguntas respaldadas por testigos y documentos que consideramos auténticos, hay que resaltar esas preguntas no importa qué desagradables sean”.

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