Un organismo ciudadano para la publicidad oficial

octubre 6, 2012

Publicado en Zócalo, septiembre de 2012

Estamos tan acostumbrados a la publicidad oficial que con frecuencia la consideramos como un rasgo inevitable de nuestra vida pública. Para muchos es un mal menor. Para unos cuantos, se trata de una de la atadura más ominosa que compromete el profesionalismo de numerosos medios de comunicación y sigue supeditándolos al poder político.

La compra de espacios en los medios de comunicación implica la inversión de dinero fiscal –dinero púbico— que por lo general se destina a promover los intereses o la imagen de los funcionarios públicos. Esa adquisición de segmentos de plana o páginas enteras en la prensa escrita y, fundamentalmente, de spots de hasta varios minutos y en ocasiones programas completos en la televisión y la radio, se ha convertido en una de las rémoras más costosas de la democracia mexicana.

 

Los ciudadanos no encuentran extraña la inserción, junto a comerciales de refrescos y servicios bancarios, de anuncios que pregonan las obras públicas que inaugurado un gobernador un gobernador o los servicios de salud que tenemos gracias a un presidente de la República. Los funcionarios públicos, por su parte, consideran que el gasto en propaganda resulta indispensable para gobernar. Leer el resto de esta entrada »


Censura y opacidad con pretexto de las campañas

agosto 5, 2012

Publicado en Zócalo, junio de 2012

A fuerza de repetirla y convertirla en consigna de los nuevos tiempos políticos, decir que la información es indispensable para la democracia se ha convertido en lugar común de nuestra vida pública. Sin embargo de ese dicho, a los hechos, existe una distancia que para los ciudadanos significa restricciones, bloqueos e incluso acciones de censura en el acceso a la información que podría proveerlos del conocimiento suficiente para comprender y tomar posiciones respecto de los asuntos públicos.

Los principales sitios del gobierno bloquearon acceso a información pública con pretexto de las elecciones

La información nutre, renueva y le da perspectivas a la democracia. En la disponibilidad de datos y hechos y el discernimiento respecto de ellos radica una de las claves, quizá la más importante, para la construcción de una auténtica ciudadanía.  Leer el resto de esta entrada »


2012: Nuevos chanchullos mediáticos

noviembre 3, 2011

Publicado en Zócalo, septiembre de 2011

Parece demasiado evidente que los medios de comunicación tendrán un papel preponderante en las elecciones de 2012. Los políticos y sus partidos creen a pie juntillas que necesitan a los medios para que los ciudadanos voten por ellos. Propietarios y operadores de medios propalan esa afirmación con interesada intensidad. La mayor parte de los observadores y opinadores, tanto en los propios medios como desde la academia, suelen compartir esa apreciación.

Los medios están en el centro del escenario público y se benefician de la azorada pleitesía que suscitan entre los actores de la vida política. Gobiernos y partidos invierten toneladas de dinero e importantes decisiones para congraciarse con las corporaciones mediáticas más relevantes. Gobernantes y dirigentes políticos se preocupan poco o nada por los programas de gobierno que propondrán a la sociedad, pero uno de sus afanes fundamentales es quedar bien con los medios. Leer el resto de esta entrada »


Policías y funcionarios, en las redes del Canal de las Estrellas

agosto 22, 2011

Publicado en Zócalo, junio de 2011

No se necesita ser Nostradamus para anticipar que el cuantioso gasto que hizo la Secretaría de Seguridad Pública para financiar la telenovela “El Equipo” no logrará mejorar sustancialmente la imagen pública de esa dependencia. Tampoco se requieren habilidades adivinatorias para considerar que ese fracaso, ni siquiera por haberse difundido en cadena de televisión nacional, no modificará el embeleso por la televisión que tiene la clase política mexicana y especialmente el gobierno federal.

La decisión de la SSP para financiar esa serie de 20 capítulos que comenzaron a transmitirse a principios de mayo manifiesta una amalgama de avidez propagandística, necesidad de legitimación y costoso candor acerca de los efectos de los medios de comunicación. El secretario Genaro García Luna y sus asesores padecen una ignorancia que, dicho sea en descargo suyo, es compartida por amplios segmentos en la política mexicana. Esa impericia radica en suponer que la televisión moldea conductas como si las conciencias de los televidentes fueran de plastilina. Leer el resto de esta entrada »


Discutir a los medios

abril 1, 2011

Publicado en Eje Central

Los he encontrado varias veces en los días recientes. Suben al vagón del metro por parejas, aunque ayer me tocó ver a uno solo, y de inmediato se distinguen de los vendedores de chácharas y chucherías que abordan en cada estación. Repiten con voz recia una arenga acerca de los medios de comunicación: “instrumentos de dominación”, “cerco informativo”, “la tele de Azcárraga”, “contra publicidad”, “alarmismo de la prensa”, “manipulación”. Se trata de una proclama enfática y exigente, apocalíptica, de esas que ya casi no se escuchan acerca de los medios de comunicación porque muchos de quienes las pregonaban se han resignado o consideran que no hay que descalificarlos, o calificarlos, a todos por igual.

Carmen Aristegui y Miguel Ángel Granados Chapa estarán en el Encuentro. Foto tomada de http://www.univisionsandiego.com

El pretexto de esos muchachos es vender una pequeña revista llamada El Salto, que tiene por subtítulo “Despertando a México”. Van de un convoy a otro con la misma cantinela pero a diferencia del resto de los vendedores, que se atropellan diciendo unas cuantas frases y salen a toda prisa porque cada vagón es oportunidad de encontrar nuevos clientes, estos jóvenes se demoran varias estaciones porfiando en su largo discurso. Así, las frases calcadas de Chomsky y otros tremendistas pero insistentes críticos de los medios convencionales, que antes encontrábamos solamente en la prensa especializada, se repiten en el Metro.  Leer el resto de esta entrada »


Foro TV, un canal para el círculo rojo

febrero 15, 2010

Texto publicado en emeequis

Ver también: Televisa estrena un canal y pierde otro

Más dudas que expectativas: de esa manera se puede apreciar al nuevo canal de noticias de Televisa. Los directivos de ese consorcio dicen que quieren participar del “nicho de mercado” que ha ocupado Milenio Televisión. Pero si el propósito de ese nuevo espacio es antes que nada hacer negocio, resulta descabellado que Televisa quiera ganar dinero con una fórmula similar a la que hace menos de una década tuvo que desechar, precisamente, por problemas financieros.

Los motivos de “Foro TV”, como se denomina al nuevo canal, son oscuros. Su desempeño, de cualquier manera, estará sujeto al escrutinio de los televidentes desde este lunes 15 de febrero cuando comience a transmitir.

Si los directivos de Televisa quieren competir con Milenio Televisión, que desde hace algo más de un año ofrece contenidos noticiosos distintos a los que suelen exhibir las grandes cadenas, tendrían que conferirle al nuevo canal libertad editorial y creatividad de las que suelen carecer sus noticieros. Allí se encontrará, muy previsiblemente, la debilidad principal de Foro TV. La producción colorida, los enlaces satelitales, el sofisticado respaldo acústico o la promoción en los canales de televisión abierta no sustituyen al ingrediente indispensable con que se hacen los buenos noticieros.

Ese componente es, valga la obviedad, el periodismo. Para hacer periodismo de calidad se requiere decirle a las cosas por su nombre y luego ir más allá, indagando y poniendo las noticias en contexto. Sin que sea paradigma de periodismo audiovisual, en Milenio Televisión hay un esfuerzo de búsqueda, tanto en contenidos como en la manera de presentarlos, que no se advierte en Televisa y mucho menos en Televisión Azteca. La fórmula que tanto éxito le dio al Canal 40 –y que a la postre contribuyó a esa forma de censura del gobierno foxista que fue la indiferencia ante las trapacerías de Televisión Azteca contra ese proyecto– es desplegada, en un momento y en condiciones diferentes, por los periodistas de Milenio. Para competir con ella, el nuevo canal tendría que contar con características muy distintas a las que han sido inherentes al manejo de las noticias en Televisa.

Eco, una “empresa política”

El comienzo de Foro TV recordará inevitablemente aquel primero de septiembre de 1988 cuando, a las 6 de la mañana, Jacobo Zabludovsky inició las transmisiones de Eco, una aventura informativa que sus creadores suponían perenne: “En este momento comienza sus labores Eco, la primera estación de televisión en el mundo con un servicio de noticias en español las 24 horas del día”. Las transmisiones de Eco nunca se interrumpirán, se ufanaba Zabludovsky, promotor junto con Miguel Alemán Velasco y Emilio Azcárraga Mismo de esa versión mexicana de la CNN. El canal de noticias creado por Ted Turner había cumplido 8 años y era referencia indispensable en el panorama internacional.

Los fundadores de Eco buscaban un perfil propio, apuntalado en la lengua común de los televidentes y anunciantes a quienes buscaban interesar en toda Hispanoamérica. Llegó a tener 82 corresponsales y se le podía ver en sistemas de cable en docenas de países, pero era notoria la escasa publicidad que incluía. Difundido sobre todo en televisión por cable, Eco sirvió además para rellenar los horarios de madrugada en El Canal de las Estrellas y en sus inicios se le promovió con mucho bombo en la cadena Univisión en Estados Unidos.

Eco duró menos de 13 años. El 17 de abril de 2001 Televisa anunció que una semana más tarde suspendería las transmisiones de ese canal. Para entonces, contaba con 230 trabajadores y unas finanzas absolutamente desbalanceadas. En 2000, Eco había tenido gastos de operación por 22 millones de dólares e ingresos únicamente por 3.5 millones de dólares (etcétera, mayo de 2001).

Entonces se dijo que Televisa nunca había buscado que Eco fuera negocio, al menos en el terreno financiero. Una fuente anónima le confirmó a La Jornada del 18 de abril de 2001: “no funcionó desde un principio; se sostuvo porque le daba credibilidad al proyecto informativo de Televisa frente a su público, pero a nivel comercial los anunciantes nunca respondieron”. Álvaro Cueva, comentarista de asuntos de televisión, escribió entonces que Eco era símbolo del éxito global de Televisa: “Emilio Azcárraga Mismo y Jacobo Zabludovsky diseñaron el primer sistema informativo en español para demostrar la supremacía de Televisa en el mundo, no para hacer negocios ni para inflar sus chequeras” (Milenio, 22 de abril de 2001).

La ostentación, que constituye una forma de simulación, era parte del estilo de negocios de Televisa y allí es donde se encontraba la utilidad que Eco tenía para el entonces propietario de ese consorcio. Los autores de El Tigre, la espléndida biografía de Azcárraga Mismo (padre de Emilio Azcárraga Jean, actual presidente de Televisa) recuerdan que para ese personaje “era importante que México tuviera presencia en cada rincón del planeta. En parte, también, se trataba de orgullo personal, de saberse presente en la mitad del mundo. Es difícil creer, sin embargo, que por razones nacionalistas, o de orgullo, un hombre de negocios admitiría asumir una sangría financiera permanente” (Claudia Fernández y Andrew Paxman, El Tigre. Emilio Azcárraga y su imperio Televisa. Grijalbo, México, 2000). Para esos autores, desde que lo planeó Azcárraga sabía que el canal de noticias “no sería una máquina para hacer dinero; sería una empresa política”.

Periodismo ceremonial

Más allá de la posibilidad de que Eco fuera sintonizado en las principales ciudades hispanoamericanas, es difícil considerar que significara beneficios sustanciales para la imagen de Televisa. Sus audiencias, como las de todo canal en cable o que solamente se difunde en señal abierta durante horarios marginales, eran escasas. Eso se debía, entre otras causas, a que el sesgo que imponía su origen mexicano propiciaba que Eco no resultase atractivo en otros países. Los colombianos, por ejemplo, quieren que las noticias acerca de su país las lean compatriotas suyos y no conductores de otra nacionalidad. Y en México, la gente prefería mirar los noticieros de la televisión abierta en vez de sumergirse en los repetitivos contenidos de Eco.

En ese canal era especialmente notorio el déficit periodístico que experimentan los noticieros de la televisión abierta de nuestro país. La mayor parte de las notas contienen declaraciones de funcionarios, o de otros personajes públicos, habitualmente sin contexto ni esfuerzo alguno para ofrecer una información más diversificada.

El periodismo de investigación prácticamente no existe en la televisión mexicana. Para la mayor parte de productores y reporteros, periodismo de investigación es el que ocupa varios minutos y no solamente algunos segundos, o el que resulta de recoger las declaraciones de dos o tres y ya no sólo de un informante.

Algunos reporteros de Televisa se esfuerzan llegando con cámaras y micrófonos a sitios inhóspitos o a zonas de desastre, pero muy pocos de ellos han tenido experiencia auténticamente reporteril indagando antes de recoger una declaración, buscando fuentes que ofrezcan versiones adicionales de los acontecimientos, rastreando en archivos y bases de datos, ganando noticias y no solamente transmitiéndolas.

El valor fundamental que la televisión comercial mexicana imprime a sus noticias se encuentra en el escándalo para capturar la atención de los televidentes o, en otros casos, en la recreación acrítica de la visión oficialista de los acontecimientos. Alocuciones conmemorativas, inauguraciones de obras públicas, visitas de funcionarios o declaraciones hieráticas, forman parte de los asuntos más difundidos en esos noticieros. Cuando hay notas que rompen esa monotonía suele tratarse de acusaciones o cuestionamientos –cuanto más ríspidos, más telegénicos– que los políticos se hacen unos a otros.

Ese estilo, fincado mucho más en la declaración que en los hechos, es uno de los rasgos del periodismo mexicano en todos los formatos y determinó el estilo de Eco. En aquel proyecto, cada hora se repetía un segmento de informaciones presentadas por distintos conductores. Fernández y Paxman recuerdan que la mayor parte de ellos, aunque había excepciones, “era inexperta y con un entrenamiento muy pobre. En general los elegían porque eran atractivos, pero algunos lucían totalmente asustados”.

Panegíricos y ocultamientos

Si el Eco que fue orgullo de Televisa durante las últimas dos décadas del siglo XX tenía ambiciones globales pero lastres oficialistas, los noticieros que actualmente difunde esa empresa siguen padeciendo fuertes carencias profesionales pero, sobre todo, las restricciones que les imponen los intereses de esa empresa.

Televisa sigue utilizando los noticieros para defender sus negocios e incluso para amagar políticamente a sus competidores. No ha transcurrido mucho tiempo desde que, a fines de 2006, Televisa y TV Azteca se coaligaron para difundir reportajes en contra de las empresas que distribuyen medicamentos a las farmacias. La súbita preocupación por ese tema no se debía a la inquietud de tales corporaciones por la salud de los mexicanos sino a que el Grupo Saba, aliado con la empresa estadounidense Telemundo, le había solicitado al gobierno federal que abriera una licitación de frecuencias para una nueva cadena de televisión nacional. El Grupo Saba tiene fuertes intereses en el negocio de la intermediación de medicamentos y, al golpearlo en ese terreno, Televisa y Azteca lograron disuadirlo para que no se metiera en sus terrenos.

Los dichos siguen imperando por encima de la difusión y, más aún, la explicación de hechos en esos noticieros. Las declaraciones de funcionarios gubernamentales llenan tales espacios pero ahora también aparecen como parte de la publicidad, pagadas por gobernadores, secretarios de estado, presidentes municipales y directores de variados organismos que coinciden en su avidez para comprar (desde luego con recursos públicos) unos segundos de fama en el Canal de las Estrellas.

La publicidad política se ha convertido en fuente muy importante de ganancias para Televisa. En ocasiones la empresa premia con otras apariciones en distintos programas a los personajes políticos que derrochan recursos fiscales para alquilar espacios en sus canales. La promoción del gobernador Enrique Peña Nieto amalgama el empleo de abundante dinero público y el interés de Televisa para apadrinar a ese precandidato presidencial.

El periodismo que resulta de ese repertorio de intereses enfrenta una competencia cada vez mayor en otros estilos y recursos televisivos. Eco nunca pudo acercarse a la presencia global pero tampoco a la independencia editorial de CNN. Los noticieros de Televisa, hoy en día, difícilmente ofrecerán un periodismo del todo profesional mientras se encuentren sujetos a los intereses de una empresa que utiliza la información como instrumento de negociación política.

El reciente lunes 1 de febrero, por la noche, el país ya se había indignado y conmovido con el asesinato de 16 jóvenes en Ciudad Juárez. Los diarios de esa mañana y la radio durante todo el día se ocuparon de ese tema. Sin embargo en el noticiero estelar del Canal 2, que conduce Joaquín López Dóriga, la matanza fue soslayada. En el resumen inicial fueron mencionados cuatro temas: las inundaciones en diversos sitios del país, la averiguación del atentado contra el futbolista Cabañas, la búsqueda policiaca del agresor y las declaraciones racistas de un diputado del PRD. Ni una palabra al crimen en Juárez, que era el asunto más relevante en muchos días. Solamente cuando el noticiero llevaba 41 minutos y medio de transmisión, fue presentada una breve nota sobre los asesinatos en aquella ciudad fronteriza.

El arrinconamiento que hizo Televisa de los hechos en Ciudad Juárez no fue resultado de un descuido, ni pudo haber surgido de una decisión personal de López Dóriga. Esa ausencia solamente tiene que haberse originado en una decisión expresa de los directivos del consorcio que quizá –la especulación es inevitable a falta de más información– pretendieron ayudar al gobierno federal escondiendo esa noticia.

Discusión, ¿y reflexión?

Ese periodismo les interesa cada vez menos a los televidentes mexicanos. En Mayo de 1998, el rating nacional del noticiero estelar de Televisa era de 21.5 puntos. Una década más tarde, en mayo de 2008, el rating de ese noticiero había descendido a 5.04 puntos, según los reportes de Ibope.

Todos los programas de la televisión abierta han experimentado caídas de audiencia pero los noticieros constituyen una de las zonas más desairadas de la programación de las televisoras. Televisión Azteca ha intentado paliar ese desplome con un manejo desfachatadamente sensacionalista del contenido de sus noticieros. En Televisa la búsqueda de audiencias ha sido errática. Foro TV es una de las soluciones que propone esa empresa para reactivar el interés de los televidentes.

El nuevo canal de noticias de distingue más por su oferta en el terreno de la opinión, que en el de la información. Foro TV no aspira a coberturas globales como las de Eco, sino a una televisión más involucrada en temas que afectan directamente a sus espectadores. Habrá muchas mesas redondas pero es de dudarse que sean espacios de reflexión y no solamente de opinión. Al formato habitualmente restrictivo que la televisión suele imponer al análisis y la discusión, se añadirán los recelos de Televisa para promover y respetar intercambios auténticamente plurales.

Los programas de análisis, que nunca tuvieron presencia abundante, desaparecieron hace rato de las pantallas de Televisa. Hay espacios como Tercer Grado, que ofrece un interesante espectáculo en donde opinan los conductores de varios noticieros pero sin contraste con otros puntos de vista y en horarios inaccesibles a la mayoría del público.

Algo similar puede suceder con Foro TV. Aunque tuvieran márgenes eficaces para expresarse con libertad, las voces que allí comparezcan estarán confinadas al ámbito de un canal de televisión restringida que solamente puede ser visto, en el caso de que deseen sintonizarlo, por uno de cada cuatro mexicanos. El interés de Televisa para abrir ese espacio de noticias y conversaciones está acotado por las prioridades que asigna al espectáculo y la estridencia. En el canal de las estrellas habrá la misma programación de siempre. Foro TV será, en el mejor de los casos, un gueto para el círculo rojo que conforman los televidentes ya interesados en esa programación.

Los promotores de Foro TV emplearán de manera intensa recursos de interacción digital como Twitter. Aparentemente esas tecnologías podrían dotar de frescura y participación a los nuevos noticieros. Pero quizá se olvida que las redes sociales funcionan en espacios acotados por los intereses de quienes las integran y son, por ello, contradictorias con el espacio abierto de un medio de comunicación convencional. Mientras más Twitter haya, los contenidos de Foro TV estarán más circunscritos al interés de unos cuantos grupos.

Y así como en Twitter el intercambio es precario porque tiene que ceñirse a los 140 caracteres que puede alcanzar cada mensaje, es altamente posible que en Foro TV  las opiniones estén constreñidas al empobrecedor formato tradicional de la televisión: más retórica que información, frases contundentes y no explicaciones puntuales, escasas oportunidades para la argumentación, réplica comprimida por los segundos antes del corte.


Populismo mediático /Berlusconi y el poder de la televisión

diciembre 20, 2009

Zócalo, noviembre de 2009

Sin la televisión, posiblemente Silvio Berlusconi seguiría siendo un ignoto empresario de la construcción. Pero desde que se interesó en ese medio, primero como negocio y más tarde como plataforma política, mantuvo una carrera hasta ahora exitosa, plagada de cinismos y engaños a pesar de los cuales se ha mantenido en la cima del poder en Italia.

Berlusconi no se explica sin la televisión. Pero hay que tener precaución antes de asegurar que todo su éxito se lo debe al acaparamiento de recursos audiovisuales que ha logrado.

Primero, como empresario, Berlusconi controla desde 1984 la televisión privada en ese país. Diez años más tarde, como primer ministro, tuvo bajo su mando además a la televisión pública italiana. Así, el equilibrio o la diversidad que pudiera haber entre la televisión comercial y la gubernamental, quedó difuminado bajo ese control único.

Berlusconi es propietario del consorcio Fininvest, que a su vez tiene el control de más de la tercera parte del grupo Mediaset, que maneja tres cadenas privadas de televisión analógica y otras tres en plataforma digital. Fininvest, además, incluye al diario Il Giornale, influye con una significativa participación accionaria en el grupo Mondadori que edita revistas y libros, y a través de sociedades que se derivan de esos consorcios participa en la producción de películas y en televisoras de otros países europeos. Es propietario de dos bancos y del equipo de futbol Milán.

Exitoso en los negocios, altanero y exigente delante de los candidatos tradicionales, gracias a la televisión, Berlusconi pudo mostrarse a sí mismo como una opción renovadora en las elecciones de 1994. Fue prototipo y en buena medida pionero de la antipolítica contemporánea. En ese modelo se inspiraron personajes de intenso perfil mediático aunque también sean de escaso bagaje conceptual que se han apoyado en la televisión para destacar, con desiguales resultados, en muchos otros procesos electorales en todo el mundo: desde José María Aznar en España y George W. Bush en Estados Unidos, hasta Alberto Fujimori en Perú y, más recientemente, Sebastián Piñera en Chile. También hay ejemplos de ese corte entre políticos o considerados de izquierda.

El éxito o el fracaso de cada uno de esos personajes solamente podrían explicarse en el contexto de los países que han aspirado a gobernar. En la Italia de hace tres lustros, Berlusconi llegó al poder en medio de una drástica crisis de la política institucional. Los escándalos financieros que involucraron a los partidos tradicionales en esa nación y que desembocaron en la investigación de casos de corrupción política denominada “manos limpias”, dejaron en los italianos una sensación de hartazgo y disgusto con la política convencional. Ninguno de los partidos ya existentes supo convencer a los ciudadanos de que no todos los políticos son iguales.

La desafección respecto de la política, como se le ha denominado en Sudamérica a esa combinación de alejamiento, enfado y desesperanza, fue astutamente aprovechada por Berlusconi para alcanzar el control del gobierno italiano. La televisión le permitió propagar una imagen de mando firme que se sobreponía a las denuncias por tráfico de influencias y comportamientos autoritarios que se le hicieron desde entonces. Aquella gestión terminó al año siguiente cuando se quebró la coalición conservadora que lo apoyaba, pero Berlusconi había aprendido la fórmula para llegar al poder.

Telegenia desplaza a la ideología

El segundo triunfo electoral de Berlusconi, en mayo de 2001, estuvo precedido por una todavía más intensa presencia suya en la televisión de la que es propietario. Aunque estuvo apoyado por una alianza de grupos y partidos fundamentalmente orientados hacia la derecha, sus asesores le moldearon una imagen por encima de etiquetas ideológicas. La simpatía fincada en diálogos que le preparaban escritores de comedias, el semblante encendido por el maquillaje y sus desplantes toscos que eran festejados por risas y aplausos previamente grabados, establecieron un estilo que ya era conocido en países como Estados Unidos en donde la mercadotecnia política había echado raíces medio siglo atrás.

El investigador Waddick Doyle, que se ha especializado en el estudio de la política italiana en la Universidad Americana de París, escribió más tarde acerca de aquella campaña de Berlusconi: “Su victoria en las elecciones de 2001 representa no solo un giro fundamental en las fidelidades (del electorado) sino posiblemente la defunción de la clase política italiana tal como la hemos conocido, una clase fundada en el liderazgo intelectual de los partidos sustentados en valores ideológicos (cristianos, marxistas, fascistas y liberales) para ser sustituida por una nueva concepción de liderazgo sustentado en el carisma”.

No se trata de una personalidad intensa, que de suyo resulte atractiva frente a grandes multitudes como las que se entusiasmaban con Perón en Argentina, o Mussolini en Italia. El carisma de Berlusconi es telegénico. Su escenario es el estudio de televisión. Las masas populares a las que se dirige, las encuentra detrás de la pantalla. De acuerdo con Doyle, esos rasgos de Berlusconi “permiten reconsiderar algunas de las distinciones entre texto y contexto, ficción y noticias en la comunicación política. Ficción, particularmente la ficción serial, produce audiencias y esas audiencias pueden ser movilizadas políticamente. La seducción narrativa y la seducción política quedan claramente vinculadas por la construcción del carisma, por la capacidad para producir historias verosímiles y personajes fuertes. Así, las fronteras entre la ficción y la realidad se estrechan cuando consideramos que la política se vuelve, crecientemente, la representación de una ficción”.

Tamizada por la televisión, la impresión que los ciudadanos tienen de la realidad llega a depender intensamente de los argumentos e incluso de los lenguajes audiovisuales. Los medios de comunicación nunca se bastan a sí mismos para condicionar mecánicamente las opiniones políticas ni los comportamientos electorales de los ciudadanos. Pero mientras más homogénea sea la información que reciben, los televidentes tienen menos oportunidad de conocer la diversidad y los contrastes auténticos de la vida pública.

En las sociedades contemporáneas, el ejercicio de la democracia suele ser directamente proporcional a la pluralidad en los medios de comunicación. Cuando en un país predomina una sola versión de los asuntos públicos, los ciudadanos carecen de información suficiente para tomar decisiones  distinguiendo entre varias opciones. En cambio, el acceso a los medios de todas las opiniones o al menos de las más representativas de la diversidad política, permite un ejercicio enterado y, entonces, cabalmente democrático.

Escándalos de telenovela

En Italia, más del 60% de los ciudadanos depende exclusivamente de la televisión como fuente de información política. Los tres canales propiedad de Berlusconi concentran la mitad de la audiencia de la televisión. La otra mitad atiende a la Radiotelevisión Italiana, la entidad gubernamental que también tiene tres canales en televisión analógica y que obedecen de manera fundamental, aunque no exclusivamente, a los intereses del primer ministro.

Ese manejo de recursos comunicacionales le ha permitido a Berlusconi paliar sucesivas cuan escandalosas tormentas políticas. Las más recientes han develado el tráfico de intereses, el abuso en el empleo personal de recursos públicos e incluso la altanería personal y la prepotencia sexista de ese personaje. En muchos otros países, cualquiera de esas denuncias habría bastado para que el presidente o el primer ministro dimitieran. En Italia, si bien debilitan la imagen de Berlusconi, siguen siendo incidentes de telenovela.

Burdo y zafio, lo mismo para referirse a su propia esposa que para comentar sus más recientes reuniones con mandatarios extranjeros como el presidente Barack Obama, Berlusconi se ufana de excesos políticos, retóricos, personales, privados incluso. Uno puede preguntarse cómo es que el país de Dante y Boccaccio, de Visconti y Passolini, de Moravia y Sciascia, se ha dejado convencer por un charlatán con televisión. Los propios italianos se enfrascan en masoquistas coloquios en busca del eslabón que extraviaron en su brillante proceso civilizatorio. La revista MicroMega, que dirige el filósofo Paolo Flores D’Arcais, dedica cada una de sus ediciones bimestrales a difundir autocríticos ensayos siempre filosos con Berlusconi pero, además, azorados con las definiciones que siguen imperando en la sociedad italiana.

Algunos de los autores que colaboran en publicaciones como esa, señalan que durante varios años los partidos derrotados por Berlusconi se han dedicado a quejarse de que, si les gana, es por el manejo que hace de la televisión. Y la influencia de ese medio es fundamental, pero no sería tan avasalladora si hubiera opciones políticas capaces de ofrecer un proyecto que interesara e involucrara a los italianos.

Berlusconi le debe su permanencia en el gobierno al uso y al abuso facciosos que hace de la legalidad, al manejo e incluso la corrupción de algunos jueces, al silencio a veces cómplice y en otras ocasiones impotente de la jerarquía de la iglesia católica, a los intereses de magnates y empresas que se han beneficiado de la adjudicación de contratos y licencias de toda índole, a la debilidad y la dispersión de los partidos políticos que no han llegado a ser una auténtica oposición y, desde luego, al monopolio televisivo.

A comienzos de 2009, Flores D’Arcais y el novelista Andrea Camilleri –autor de la espléndida saga policiaca que protagoniza el detective Salvo Montalbano­­­­­­— publicaron un llamamiento en donde deploraban que el núcleo más significativo de la oposición, el Partido Democrático que tiene sus orígenes en el legendario Partido Comunista Italiano y en el ala de izquierdas de la Democracia Cristiana, “parece preocupado sólo por ‘no demonizar a Berlusconi’, poder dialogar con él, intervenir en la elaboración de leyes ‘de consenso’ junto a Berlusconi. No es casualidad que se haya definido como una oposición discordantemente concorde”.

Todo ello sucede, según deploran ambos escritores, “mientras Berlusconi destroza la Constitución republicana nacida de la resistencia antifascista –una de las Constituciones democráticas más avanzadas del mundo–, destruye la autonomía judicial, refuerza su monopolio personal a la búlgara sobre la televisión (y se hace cada vez más fuerte en la prensa escrita), proyecta drásticas restricciones del derecho de huelga y otros derechos sindicales, fomenta la oleada de sentimientos racistas en el país y somete todas las leyes relacionadas con los derechos civiles a la voluntad oscurantista de la Iglesia de Ratzinger”.

Metáfora de los italianos

Esa constelación de circunstancias, que empeoró en la medida en que Berlusconi consolidaba sus redes de poder y connivencias, constituyen las condiciones objetivas que, como recordaban los recetarios marxistas, son el sustento material para los cambios sociales o la ausencia de ellos. Las condiciones subjetivas, soliviantadas también por la televisión, tienen raíces complejas entre las que se encuentra una posible proclividad autoritaria de los italianos que el escritor Michael Wolff describía así en un reciente reportaje: “Y allí está el asunto del carácter italiano. Los italianos persiguen, el lugar de resistirlos, sus propios estereotipos. Berlusconi es su metáfora. Si entiendes a Berlusconi, te entiendes a ti mismo. El empleado de un periódico de Berlusconi –un destino cuyas ironías parecen hechas para la gran comedia y la amargura– explica, ‘los italianos necesitan a alguien como él porque él es precisamente como ellos. Todo mundo tiene una amante. Todos hacen trampa con los impuestos. Todos hacen algo ilegal porque es imposible vivir legalmente. Además, nos encantan los autoritarios. Necesitamos un hombre fuerte. Si no Mussolini, bueno, entonces alguien como Mussolini”.

Se trata, como allí se indica, de estereotipos. Pero allí se encuentra el eje de las capacidades televisivas que con tan reconocibles resultados explotan Berlusconi y sus mercadólogos. La que difunden de ese personaje, es una imagen intencional pero además espontáneamente estereotipada. A Berlusconi no lo inventó una agencia publicitaria. Lo que hace la televisión es propagar, resaltando sus rasgos más burdos y de esa manera reforzando el estereotipo, el perfil ramplón y pendenciero que parece parte de una interminable serie de ficción en las pantallas de Italia.

El efecto Berlusconi no termina allí. Una vez que su presencia se afianzó en la sociedad italiana con el imprescindible concurso de la televisión, Berlusconi ha desarrollado una política que prescinde de las instituciones.

En el ejercicio del gobierno, cuentan más él y su omnipresencia televisiva que los poderes constitutivos del Estado. Umberto Eco lo advirtió con didáctica lucidez: “Ésta es la forma del régimen de populismo mediático que Berlusconi está instaurando, un régimen donde entre el jefe y el pueblo se establece una relación directa, a través de los medios de masas, con la consiguiente desautorización del Parlamento (donde el jefe no necesita ir a buscar un consenso porque lo tiene asegurado, por lo cual el Parlamento tiende a convertirse en el notario que registra los acuerdos tomados entre Berlusconi y el presentador del programa, Bruno Vespa)”. [Amigo personal de Berlusconi, Vespa es conductor del programa político más relevante en la Cadena Uno de la RAI].

El populismo mediático desecha los cauces institucionales para hacer de la televisión ágora y parlamento, vocero y caja de resonancia en la relación del gobernante con la sociedad. Trabado con la pantalla, el telespectador se conecta con la realidad política a través de los mensajes audiovisuales. Si la fuente de tales contenidos es una sola, o si su pluralidad resulta escasa, la información política que los ciudadanos reciban será elemental y unilateral.

La televisión suele formar ciudadanos de baja intensidad. Pero cuando se encuentra en pocas manos, o solamente en un par de ellas como sucede con varios canales italianos, la televisión en vez de ciudadanos tiende a propiciar súbditos. Que eso son, aunque se trate de una república parlamentaria, aquellos que se conforman con información de fuentes tan parciales como las que dominan en el escenario mediático berlusconiano.

Peña Nieto y el canal de las estrellas

¿Y en nuestro país? ¿Es posible un Berlusconi mexicano llegue al poder gracias a la televisión y en un entorno de contrariedad ciudadana e ineficacia de los partidos convencionales? Por lo pronto no parece haber condiciones como las de Italia: a pesar de tantas y tan evidentes ineficiencias, los partidos nacionales mantienen el consenso de los ciudadanos. La gente sigue votando por ellos. Las corporaciones mediáticas sí que están ávidas por hacer política, pero no al margen de los partidos actuales.

Enrique Peña Nieto, como Berlusconi, no tendría presencia pública alguna de no ser por la televisión. Pero a diferencia del empresario italiano, el gobernador mexiquense es un político de carrera y por ello está imposibilitado para desplegar un discurso antipolítico.

Igual que Berlusconi, Peña Nieto es un hombre más de parlamentos preestablecidos en un guión que de improvisaciones que pudieran lesionar su imagen. Pero a diferencia del primer ministro, el político priista no es prototipo de ningún estereotipo social en México. La de Berlusconi es una personalidad de ruptura, de estridencia suficiente para discordar con la monotonía de la política tradicional. Peña Nieto tiene imagen de muchacho bien portado y su mayor audacia ha sido cortejar a la actriz que Televisa le puso a modo.

Para tener una imagen de mayor intensidad, los asesores de Peña Nieto tendrían que apostar por algunos usos del populismo mediático. Las primeras resistencias las encontraría en el ortodoxo PRI y, más tarde, en las encuestas que posiblemente registrarían opiniones adversas a un comportamiento políticamente desparpajado del gobernador.

Aún así, en el romo panorama político que padecemos, Peña Nieto y su cotidiana militancia en el canal de las estrellas van delante de otros personajes y perfiles. Estar en televisión no basta para convencer. Las capacidades de Peña Nieto, si las tiene, se apreciarán solamente en contraste con problemas específicos y sobre todo en el debate con otros aspirantes presidenciales.

Aunque con una carrera propia y con aliados políticos más allá de los medios, Peña Nieto es, en su imagen pública, hechura de la televisión. Él se debe a ese medio, que tantos y tan ostensibles favores le hace. En Italia, en cambio, la televisión se debe a Berlusconi.

En Italia, el primer ministro maneja a la televisión. En México, de ganar en 2012, la televisión aspiraría a manejar a Peña Nieto.

Referencias

- Andrea Camilleri y Paolo Flores D’Arcais, “Italia necesita una oposición a Berlusconi”. El País, Madrid, 15 de febrero de 2009.

- Waddick Doyle, Seducing the Republic: Berlusconi, narrative seduction, commercial television and political power. Ponencia presentada en la reunión anual de la International Communication Association. San Diego, California, mayo de 2003.

- Umberto Eco, “Sobre el régimen de populismo mediático”. El Mundo, Madrid, 22 de abril de 2005

- Michael Wolff, “All Broads Lead to Rome”, Vanity Fair, septiembre 2009.



Noticieros sin política

octubre 2, 2009

Publicado en Zócalo, septiembre 2009

La radio y la televisión hicieron una cobertura exigua de las campañas políticas durante la más reciente temporada electoral. Desplazadas por la discusión en torno a los spots que colmaban los tiempos estatales en los medios electrónicos, las noticias acerca de las actividades proselitistas de los partidos pasaron a segundo plano. Ese relegamiento no se debió necesariamente a la ausencia de interés periodístico de las informaciones que surgían de los actos de campaña sino, al menos en casos notorios, a una política informativa destinada a minimizar la cobertura de los eventos partidarios.

Algunos noticieros de la televisión nacional destinaron únicamente 3 o 4 minutos a esas informaciones en el transcurso de los dos meses de duración que tuvieron ahora las campañas electorales. Los noticieros que transmiten de lunes a viernes pudieron difundirse en 43 ocasiones durante el periodo de campañas, del 3 de mayo al 1 de julio. Algunos de ellos transmitieron, en promedio, menos de 5 segundos diarios de noticias electorales. En otros, particularmente en la radio, hubo más de 10 minutos diarios de noticias electorales.

Esas son algunas apreciaciones que se pueden hacer a partir del Monitoreo de noticieros que hizo la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM por encargo del Instituto Federal Electoral. Los resultados del Monitoreo, publicados por el IFE en su sitio en Internet, muestran la cantidad de minutos y segundos que ocuparon las informaciones electorales de cada partido durante el mencionado lapso. Con esa información, calculamos el total de minutos de una veintena de noticieros de radio y una decena de noticieros de televisión originados en la ciudad de México.

Radio politizada

En la radio matutina todos los noticieros analizados, excepto tres, le dieron más tiempo a las campañas del PAN que a otros partidos. La diferencia más notoria estuvo en el noticiero que conduce Eduardo Ruiz Healy en Radio Fórmula, con casi 40% de su espacio para noticias de esa índole destinado al partido en el gobierno.

Tabla 1-A

Los noticieros más priistas, si se les evalúa por el espacio a cada partido, fueron los de Pedro Ferriz de Con en el Grupo Imagen (33.6%) y Óscar Mario Beteta en Radio Fórmula (22.4%). Pulso de Radio Educación, que conduce Hilda Saray, destinó el 22.4% a notas sobre el PRD.

Tabla 1 B

De todos los programas considerados en esta evaluación Antena Radio, que conduce Mario Campos en el IMER, fue el que más tiempo destinó a la cobertura de campañas con un total de 584 minutos. Allí, la asignación de tiempos a los partidos fue notoriamente equilibrada.

El más favorable al Partido Verde fue el noticiero de Carmen Aristegui en MVS Radio, en donde ese partido ocupó 118 de los 361 minutos dedicados a campañas políticas, el 32.7% de dicho espacio.

Tabla 2

En los noticieros de media tarde, Fórmula de la Tarde conducido por Ciro Gómez Leyva dedicó 40.7% de esos espacios al PAN, en tanto que Joaquín López Dóriga, también en Radio Fórmula, destinó 33.7% al mismo partido.

En noticieros seleccionados y que se difunden a partir de las 6 de la tarde, las preferencias fueron más variadas. José Cárdenas Informa, en Radio Fórmula, le dio el 42.5% de su espacio a las noticias del PAN y solo 13% al PRD. La tercera emisión de Hoy por Hoy en W Radio, con Salvador Camarena, asignó al PRD casi el 39% de tales informaciones.

Todos estos datos, que hemos organizado en los cuadros adjuntos, han sido tomados y/o calculados a partir de la información del IFE. Colocada en línea desde mediados de julio, esa información no había sido desmentida por ninguna empresa de comunicación varias semanas después.

Tabla 3

Televisión ausente

De los noticieros de televisión que elegimos para este cotejo, el más interesado en las campañas fue Primero Noticias, que conduce Carlos Loret de Mola por las mañanas en el canal 2 de Televisa. Ese programa les dio a las informaciones electorales 102 minutos; de ellos, algo menos del 31% fue para el PAN y una cantidad casi idéntica para el PRI. El noticiero matutino de Canal Once le dio más espacio al PAN (26.9%) que al PRI (22.6%).

Por las tardes, la televisión ignoró las campañas. Info7, de Televisión Azteca, se interesó en las notas sobre ese tema únicamente durante 3 minutos. El Noticiero con Lolita Ayala, en canal 2, destinó 4 minutos a ese asunto durante los dos meses de campañas. Dos de esos minutos fueron para el PRI, pero tratándose de universos tan limitados los porcentajes pueden ser escasamente significativos.

Tabla 4

Tabla 5

Por las noches, los noticieros de televisión ofrecieron algún contraste. Casi el 30% de las informaciones en el espacio de Joaquín López Dóriga en el canal 2 fueron para el PRD y el 23% para el PRI. Menos del 21% del espacio de esa índole en el noticiero emblemático de Televisa reseñó la información de las campañas panistas.

En cambio las notas en Hechos, que conduce Javier Alatorre en canal 13, fueron en un 27% para el PAN y solamente en 16.8% para el PRI. Las Noticias con Adela, de Adela Micha en el canal 9 de Televisa, destinó al PRD el 39.9% de sus espacios de campañas, al PAN 38.4% y al PRI únicamente 14.1%.

Tabla 6



Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 17.655 seguidores